Queridos compatriotas, honorables miembros de este Congreso
Nacional: me toca asumir la Presidencia Constitucional de la
República en un momento crucial de nuestra historia.
Pocas veces en nuestro pasado la nación ha afrontado
un momento como este.
Quiero decirles que me embargan tres sentimientos que nacen
de mi corazón, el dolor, la esperanza y la fortaleza.
Mi primera obligación compatriotas es rendir mi más
profundo sentido y admirado homenaje a las mujeres y a los hombres
de Bolivia que en estos días ofrendaron su vida por la
patria, por la democracia, por el futuro y por la vida.
Quiero pedirles que nos pongamos de pie y que guardemos silencio
por un momento para rendirles homenaje.
Una vez más, el pueblo boliviano se define como un pueblo
con una convicción fundamental por la libertad, por la
preservación de su integridad, por su concepto de soberanía,
por su espacio de lucha permanente, por una democracia para
todos.
Este es el escenario sobre el que tenemos hoy que construir
nuestro futuro, y creo que es indispensable que entendamos como
debemos concebirnos como ciudadanos y cómo debemos concebirnos
en ese espacio bajo el manto de la bandera boliviana como bolivianos.
Bolivia es una nación compleja, plural y diversa, y solamente
sobre su pluralidad y sobre su diversidad podrá construirse
con sentido, pero si no incluimos el concepto de unidad a estos
dos otros conceptos esenciales no seremos capaces de preservar
como nos pidió el Mariscal Antonio José de Sucre,
la integridad de la nación. Solo un premio le pido a
la Patria, nos decía el Mariscal Sucre, y es, preservar
su unidad.
No podemos hoy mirar a Bolivia sino miramos a quienes durante
siglos han estado excluidos y no los miramos en la lógica
de darles respuestas a aquello que no es otra cosa que una legítima
presencia, una legítima demanda y un legítimo
derecho de ser de verdad ciudadanos de primera en un país
entre iguales. Y Bolivia no es todavía un país
entre iguales.
Debemos ser capaces de entender al país, a partir de
étnias como los quechuas, los aymaras, todas las étnicas
tan importantes, menciono solo a los guaraníes en el
conjunto de nuestro territorio que han construido con su sangre
una historia de desigualdad que estamos obligados a reparar.
Pero, sin ninguna duda, sería insuficiente concebir a
Bolivia exclusivamente en ese escenario y en ese contexto, Bolivia
ha crecido y hay que dar gracias porque eso ha ocurrido para
integrarse en el escenario geográfico de su totalidad
territorial. Y esa totalidad territorial ha unido al occidente,
al oriente, al norte y al sur, no todavía con la cohesión
indispensable para concebirnos como una unidad en la diversidad.
Hemos construido juntos a pesar de nuestras diferencias, a pesar
de esa discriminación y desigualdad no resueltas, un
escenario de presente mucho más amplio que aquel que
tuvimos en 1825, a pesar de la paradoja de las pérdidas
territoriales de la nación.
Y nadie puede discutir hoy, que nuestro oriente, que Pando,
Beni, Santa Cruz son parte fuerte, necesaria, extraordinaria
de la creación de la nación boliviana, nadie puede
discutir hoy que Tarija, Chuquisaca, Cochabamba, Potosí,
Oruro, La Paz, son partes de un todo que no puede concebirse
por separado.
Seamos capaces de mirar al país en un momento como este
sobre la base de la unidad, seamos capaces de entender desde
el occidente que nuestra visión de mundo tiene que compartirse
con la visión de mundo del oriente del norte y del sur,
seamos capaces desde el oriente hoy una locomotora creativa,
admirable, extraordinaria, generadora de riqueza, de entender
que solamente aceptando la inclusión y la integración
podremos vernos como un todo.
Yo quiero hoy, porque a nadie, a ninguno de ustedes, se le escapa
que la unidad de Bolivia está en riesgo, convocar al
conjunto de los bolivianos a entendernos como un todo, a respetarnos
unos a otros, a ser capaces de poner el hombre uno al lado del
otro en ese escenario común que nos cobija.
Nos estamos jugando el destino y nos estamos jugando el futuro,
si no entendemos eso, no entenderemos por qué es indispensable
desprendernos de egoísmo, de mezquindad, de cálculo
e incluso entender que los viejos odios solo se resuelven en
la construcción de un escenario de paz.
Yo quiero invocar hoy, en un momento tan duro y tan difícil
como este, a todos y cada uno de ustedes compatriotas a reconstruir
la paz que ha estado a punto de perderse en estos días
terribles, solamente con la idea de una paz anclada en el respeto
a los derechos humanos y anclada en el respeto a la vida, que
es el bien y el don más preciado que tiene cualquier
ciudadano, cualquier país, es que podremos entender una
nación que solamente tiene sentido porque ayuda a la
vida de sus mujeres y de sus hombres, porque garantiza la vida
de sus mujeres y sus hombres.
Esta invocación a la paz, quiere decir, un desarme inmediato,
esta invocación a la paz quiere decir, sobre la base
de una propuesta sensata, racional, comprometida, transparente
de mi parte como Presidente de la República, seamos capaces
de empezar hoy, rompiendo estos escenarios de confrontación
en cualquier punto del país, donde esos escenarios de
confrontación sean planteados.
Quiero mencionar ahora cuales son los desafíos a los
que tenemos que responder de manera inmediata y que en muchos
sentidos han surgido y han ido confluyendo a partir de los acontecimientos
que nos ha tocado vivir en las últimas semanas y en los
últimos días.
Mi gobierno, tiene un conjunto de desafíos que nace de
los desafíos planteados por todos y cada uno de los bolivianos
ahora. Mi gobierno tiene el desafío de responder al tema
del gas, y el tema del gas no puede responderse hoy sin la participación
del conjunto de los bolivianos y de las bolivianas.
El tema del gas, hace al futuro y hace a nuestra viabilidad
de corto y mediano plazo cuando menos. Lo que decidamos en torno
a esta riqueza natural será decisivo para nuestro desarrollo
interno y para nuestro relacionamiento con el mundo. Cuando
tomemos la decisión debemos pensar en lo que esta implica.
La demanda de la sociedad boliviana ha sido un referéndum
vinculante y la respuesta del presidente Carlos Mesa es el compromiso
de llevar adelante un referéndum vinculante.
Este es un aspecto fundamental. Ojalá seamos capaces
de tratar este tema y de responder en ese referéndum
sobre la base de una conciencia sin manipulación de una
y de otra parte, sobre un debate abierto, limpio, transparente
y comprometido de todo y cada uno de nosotros para defender
de verdad las ideas que creemos que hacen mejor y más
comprensible la respuesta que la ciudadanos tienen que dar.
Este referéndum y el tema del gas tiene que unirse al
concepto de nuestra relación en el tema de los hidrocarburos
y su administración. Y en este contexto también
debemos trabajar en una modificación de la Ley de Hidrocarburos
y en un análisis en profundidad de lo que ha representado
el proceso de capitalización en este ámbito. Estos
son aspectos también fundamentales.
El otro elemento central, el verdadero nudo que tenemos que
ser capaces de desatar para la construcción de ese país
nuevo que necesitamos es la demanda de la asamblea constituyente,
¿qué quiere decir asamblea constituyente?, y aquí
quiero expresar claramente y ustedes colegas parlamentarios,
el país lo sabe; yo originalmente no fui proclive a la
asamblea constituyente en el contexto de como concebía
la visión de nuestra constitución, pero un ciudadano,
y eso es lo que soy, debe expresar una opinión y escuchar
las opiniones del conjunto de la sociedad.
Indudablemente el escenario histórico de hoy, parece
demandar la respuesta de un diseño de sociedad distinto,
del diseño de sociedad que nos ha llevado hasta donde
hoy estamos.
Una asamblea constituyente quiere decir que vamos a discutir
qué país queremos y cuáles son las reglas
del juego sobre las que este país va a funcionar una
vez que ese proceso se lleve adelante.
Esto quiere decir que todos y cada uno de nosotros, debe llevar
a la propuesta de la asamblea constituyente, elementos centrales
de forma y de fondo; elementos centrales que definirán
temas esenciales sobre nuestros recursos naturales, sobre el
tema de la tierra, sobre la concepción de la participación
democrática ciudadana, sobre la estructura del funcionamiento
de un mecanismo de representación como es el Congreso
Nacional, sobre el conjunto de los temas.
Yo quiero mencionar aquí, la propuesta nacida en el departamento
de Santa Cruz, una propuesta que buscaba y que busca una idea,
la refundación de Bolivia. Quiero destacar que justamente
la capacidad creativa en esa propuesta de diseño de país,
tenga un punto de partida en un escenario geográfico
histórico tan vital, tan admirable como es el departamento
de Santa Cruz.
Y quiero recordar que en este mismo parlamento, cuando se planteó
la discusión sobre ese documento, del occidente de Bolivia,
de partidos políticos distintos nació una respuesta
- que decía - es una base de discusión. Esa base
de discusión por supuesto que debe ser enriquecida en
todos los ámbitos de la nación, esa base de discusión
tiene que ser planteada a partir de una concepción transparente,
porque nos estamos jugando el futuro, y eso implica responsabilidad,
racionalidad, pero también firmeza en los principios
que cada uno de nosotros defiende en torno a la asamblea constituyente.
Yo quiero plantear como una obligación de mi gestión
presidencial, el encontrar el camino adecuado para tener una
asamblea constituyente que defina en un plazo corto, pero en
un plazo necesario, lo que va a ser la concepción de
nuestro futuro.
Un otro tema fundamental es la temporalidad de mi gobierno,
la Constitución Política del Estado y el mandato
que este Congreso me da, en función de lo que dice un
artículo específico en el caso de la sucesión
constitucional, indica que mi mandato debe concluir el 6 de
agosto del año 2007. Yo quiero proponer formalmente,
al Congreso Nacional la consideración de un tiempo de
transición histórica que nos permita dar una respuesta
a estos dos desafíos mencionados y que nos permita convocar
a unas elecciones transparente, creíbles y efectivas
para consagrar a un nuevo presidente en un tiempo que este congreso
y este poder ejecutivo que va a comenzar a trabajar, traduzca
como razonable.
Pero quiero decirles claramente, que yo entiendo que mi obligación
hoy es presidir un gobierno de transición histórica
que responda a estas demandas. Dejo planteada esta propuesta
al Congreso de la Nación para que podamos estudiar con
serenidad el espacio y el tiempo del desarrollo de esta gestión.
Toco ahora una cuestión crucial para el país y
quiero pedirle a este Congreso y a los partidos políticos
que lo representan, una acción fundamental de sacrificio,
desprendimiento y compromiso con la patria.
Yo creo que los bolivianos que me ven hoy como Presidente de
la República, quieren un gobierno con las mejores y los
mejores bolivianos, y eso quiere decir, un gobierno que tenga
un poder ejecutivo que no cuente con la participación
activa de ningún partido político.
Un gobierno desprendido de la militancia partidaria, es un gobierno
que tiene que recuperar credibilidad para los partidos políticos.
Estoy absolutamente convencido de que la democracia solo se
puede entender a través de partidos políticos
fuertes creíbles, transparentes, renovados. No estoy
planteando una acción contraria a la política
sino que estoy planteando un escenario de recuperación
de credibilidad del Poder Ejecutivo, del parlamento y de los
partidos.
Y eso pasa y solo será posible si ustedes miembros de
este parlamento apoyan mi gobierno a pesar de que les estoy
pidiendo el sacrificio de que sus partidos no integren el poder
ejecutivo. Si ustedes no me apoyan no vamos a poder salir adelante.
Creo que todos nosotros somos conscientes de que si el país
se está jugando la vida, tenemos que estar dispuestos
a dar todo para que no la pierdan, pero ustedes saben, tan bien
como yo, que ustedes y yo nos estamos jugando la vida, en el
sentido de nuestra viabilidad como sociedad, en el sentido de
nuestra viabilidad como estructura democrática creíble
y construida en el largo plazo.
Los partidos van a responder hoy al más grande desafío
de su historia. Hay en este parlamento partidos con una riquísima
y admirable historia y hay partidos nuevos con unos increíbles
y grandes desafíos, todos por igual, en el riesgo de
que el país les de, nos de la espalda, seamos capaces
de entender que la salvación de aquello por lo que apostamos
a lo largo de nuestra vida, la salvación de esas ideas,
de esa estructura política en la que ustedes creyeron,
pasa por la capacidad que ustedes tengan de dar generosamente
a Bolivia un gobierno estable, con un respaldo parlamentario
sólido y con una independencia que le permita un manejo
sensato en función del país.
Dos temas fundamentales aquí. Yo fui elegido vicepresidente
de la república entre otros aspectos fundamentales para
luchar contra la corrupción. Una tarea clara inequívoca,
sin concesiones que hará a mi gobierno, es una lucha
frontal sin ningún tipo de temor contra la corrupción
en cualquiera de los escenarios del Estado.
En un momento de crisis tan seria del país, se ha puesto
a prueba nuestra institucionalidad, y nuestra institucionalidad
ha demostrado a pesar de todo -y por eso estoy yo aquí,
y por eso están ustedes aquí- que hemos, con una
conciencia democrática profunda, preservado las instituciones
centrales que permiten el avance de esta democracia hacia un
horizonte de esperanza, pero está claro que el conjunto
de las instituciones del estado boliviano atraviesa una seria
crisis y tenemos que trabajar fuertemente por la fortaleza de
todas y cada una de las instituciones del Estado y por la recomposición
de la relación entre el Estado y la sociedad que, hoy
por hoy, está quebrada.
Tenemos que recomponer un Estado que responda al ciudadano y
un ciudadano que se sienta comprometido con su Estado porque
ese Estado es quien sirve al ciudadano.
Esa relación quebrada pasa por la recuperación
del cumplimiento de la ley, un tema que ustedes saben, expresé
con preocupación el pasado 6 de agosto. Entendamos que
sólo el cumplimiento de la ley, una ley igual para todos,
cosa que ahora no ocurre, nos permita encarar de hoy, en las
próximas horas en adelante el escenario del futuro.
Este es un aspecto fundamental, pero también es un aspecto
fundamental la austeridad, que la austeridad no sea palabra,
que la austeridad sea obra, espero poder mostrarles en el ejercicio
de la presidencia, y en la administración del gobierno,
que si vamos a pedir sacrificios seamos capaces de ejemplificar
ese sacrificio nosotros mismos en lo que hace al conjunto de
la administración del Estado y en particular del gobierno
de la Nación.
Quiero ahora, en el final de mi intervención, pedirle
con toda humildad al pueblo de Bolivia que nos de un espacio
y un tiempo para trabajar. Quiero pedir a mis compatriotas que
la construcción de la paz y la recomposición de
la vida como nuestro valor fundamental, comience por el desprendimiento
de quienes hoy están ejercitando medidas de presión
por demandas que creo que en una parte esencial esta Presidencia
está respondiendo.
Si no somos capaces de desarmar nuestros espíritus en
el corazón y en la acción, no tendremos posibilidades
de recomponer el escenario inmediato que nos toca por delante.
Es un pedido ferviente para que la paz se vea en las calles,
en las carreteras, en los pueblos y en las ciudades de todo
el territorio nacional, para que la paz, la garantía
de los derechos ciudadanos y de los derechos humanos, nos permita
un manejo de un país que funciona civilizadamente a partir
del diálogo, a partir de la construcción sin presiones
en lo inmediato.
Si esas presiones no cesan, no podremos encarar los graves desafíos
que tenemos por delante, hoy tenemos, aún sabiendo que
muchas de las personas que han tomado medidas de presión,
tienen demandas que van más allá de lo que está
pasando ahora. Hagamos un esfuerzo, desprendamos nuestra posición,
la de cada uno, para que la discusión de esas demandas
hoy, mañana, pasado mañana no sea sobre la base
de la presión.
Quiero decirles con absoluta honestidad, que la situación
económica del país es extremadamente delicada
y quiero decirles que tenemos todos que hacer un esfuerzo de
desprendimiento para que esa situación y confío
en el apoyo, el entendimiento y la comprensión que ya
me han adelantado los miembros, las naciones, los organismos
de la comunidad internacional nos puedan dar un respaldo en
este momento tan difícil, que la responsabilidad de los
bolivianos, el apoyo y la solidaridad internacionales nos permitan
superar un trance especialmente difícil.
El Estado hoy no puede dar una respuesta eficiente y efectiva
a todas las demandas legítimas del pueblo. Quiero pedirles
que entiendan que en la medida en que recompongamos una estructura
básica de funcionamiento podremos comenzar a analizar
todas y cada una de las respuestas, pero quiero decirles también
que aquellas respuestas que podemos dar en pequeña escala
y que dan una señal de nuestra voluntad, la vamos a dar.
No estoy en la lógica de decir, esto es no, y no hay
un milímetro del que me pueda mover por el no.
Quiero decirles que en la medida de las posibilidades que muestren
nuestra voluntad, vamos a trabajar para que esa voluntad se
exprese en hechos.
Compatriotas, el destino de Bolivia está en nuestras
manos, pongámonos a reflexionar en la lógica de
cada uno de nosotros. En cada uno de los corazones y de los
espíritus de ustedes hay una visión de Bolivia.
En cada uno de ustedes que están mirándome por
la televisión, que me están escuchando por la
radio hay una visión de Bolivia. Trabajemos para que
esa nuestra visión sea la de garantizar y preservar la
unidad en la diversidad de la patria toda. Trabajemos para diseñar
una nación que nos de cobijo con mayor equidad, con mayor
justicia, con un reconocimiento de que aquello que no hemos
hecho a lo largo de siglos por compatriotas excluidos lo podamos
hacer desde el escenario en que estemos.
Sin ustedes no voy a poder gobernar, ustedes y yo tenemos la
misma responsabilidad, yo como el primer servidor de Bolivia,
servidor, un hombre que sirve a la Nación, no un hombre
que se sirve de la Nación, un hombre que cree en la Nación.
Voy a decir para terminar, que el dolor tiene que transformarse
en vida, que la esperanza tiene que ser el escenario en el que
construyamos cada uno de nosotros el futuro y que en nuestra
fortaleza de espíritu y la bendición de Dios,
el mío, el de cualquiera de ustedes, aquel Dios o aquella
divinidad en la que cada uno de los bolivianos crea, nos ilumine
para que Bolivia salga con bien de este trance tan difícil.
Muchas gracias.