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En la zona de tierras bajas de Bolivia, la influencia jesuita sobre el talento musical chiquitano, mojeño y guaraní ha dejado un legado singular que todavía se manifiesta y que se mantiene particularmente fuerte en las tradiciones musicales de la región. Los jesuitas estimularon la educación y la difusión de la cultura entre las comunidades indígenas. Artistas y músicos extremadamente capaces crearon instrumentos musicales de artesanía impecable y aprendieron a interpretar la música barroca. Este amalgama de tradición musical occidental y talento indígena dio paso a lo que hoy conocemos como barroco mestizo.
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La música popular folclórica boliviana ha sufrido muy pocas transformaciones debido al aislamiento geográfico del país. Todavía se utilizan instrumentos prehispánicos, como las variantes del siku o de la quena. Las tradiciones musicales de Bolivia han evolucionado a partir de una serie de influencias preincaicas, incaicas, españolas, amazónicas e incluso africanas. El sonido de la música andina, por el frío y vasto altiplano, es adecuadamente sobrio e introspectivo, mientras que el de las zonas más cálidas, con su variedad de instrumentos musicales, ofrece unos tonos más vibrantes y llenos de colorido. Aunque originalmente la música boliviana fue exclusivamente instrumental, las tendencias hacia la popularización han inspirado el añadido magníficas melodías cantadas.
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