Hablamos de gobernabilidad en un escenario en el que tenemos
el desarrollo democrático de las naciones del hemisferio
en las últimas décadas, y por el otro la evidencia
de que ese desarrollo democrático, en general interrumpido,
atraviesa momentos difíciles, vinculados a temas de
tensión social, a recurrentes problemas no resueltos
de pobreza y de exclusión.
En el caso específico de Bolivia quiero subrayar nuestros
21 años ininterrumpidos de democracia, que además
en el momento de las duras pruebas y de los momentos más
críticos, ha podido resolver sus desafíos en
democracia y dentro de nuestra Constitución, lo que
es una buena noticia, porque indica que tanto interna como
externamente tenemos un conjunto de elementos que nos garantizan
un respeto a los principios fundamentales en los que se mueven
nuestras sociedades.
Y esto de los elementos externos creo que debe subrayarse
y felicitarnos por ello, porque la carta democrática
implica un compromiso, una conciencia y una concepción
de cómo debemos encarar la gobernabilidad, no sólo
individualmente como naciones, sino en esta comunidad internacional
y hemisférica.
Coincido con el presidente Batlle, del Uruguay, en la idea
de que los tres temas son uno y que la solución de
esos tres temas es inevitable para hablar de la solución
de cada uno de ellos por separado.
Y está claro que hay una lógica diversa en las
intervenciones que hoy y ayer hemos escuchado. Por un lado
quienes defienden que el desafío fundamental y la respuesta
a ese desafío tenemos que hacerlo nosotros, con nuestros
recursos, a partir de nuestras propias fuerzas, e integrarnos
porque los tiempos son muy breves en los mecanismos de globalización
y de apertura de mercado.
Y la otra línea crítica para un modelo que ha
dejado muchas interrogantes sin responder: el tema de la exclusión,
el tema de la desigualdad, el tema de la inequidad. No pretendo
dar una respuesta ecléctica, pero sí creo que
debemos entender que no hay soluciones absolutas ni caminos
únicos. El único peligro desde el punto de vista
de la aplicación de una forma de encarar y definir
la economía, es el dogma inalterable.
Si somos capaces de entender que la apertura de mercados y
la integración económica son indispensables,
debemos serlo también de comprender que hay desafíos
que ese mercado por sí solo no va a poder responder,
y que por lo tanto la participación de nuestros estados
tiene que ser más vigorosa y más intensa, sin
que esto excluya el reconocimiento de una economía
de mercado a nivel global.
Y debemos plantear también la idea de que la gobernabilidad
será posible en tanto haya una conciencia de la comunidad
internacional, de las asimetrías, de las inequidades
dentro de las naciones y entre las propias naciones.
En este contexto, coincido plenamente en que la recuperación
de las instituciones, la lucha real contra la corrupción
y sobre todo la recomposición de las relaciones entre
Estado y sociedad, a partir de un respeto riguroso del Estado
de Derecho y de una construcción del sentido de responsabilidad
ciudadana individual, y del sometimiento a la ley, son esenciales
en las sociedades por varias razones: violencia por marginalidad,
por exclusión, por pobreza extrema, comienzan a haber
desajustes muy serios en sus mecanismos internos de convivencia
y de reconocimiento de un escenario de ley común para
todos.
Por supuesto, una ley común para todos, que no se cumple,
no es una ley que responda a ese concepto de justicia para
todos. Democracia sin justicia para todos, en igualdad de
condiciones, no es democracia.
Este es un concepto que me parece fundamental.
La estructura de las instituciones, su fragilidad o su solidez,
es la que nos va a definir en el futuro las perspectivas de
un mecanismo democrático en cualquier país,
y esas debilidades son las debilidades que tenemos que enfrentar.
La combinación es compleja, porque estamos hablando,
por un lado, de construcción de instituciones, de transparencia
y de lucha contra la corrupción; y por el otro, de
la inserción en una economía global altamente
competitiva, que no represente la destrucción de nuestro
propio aparato productivo.
Creo que la respuesta no puede pasar por una visión
apocalíptica, en ningún sentido.
Es decir, creo que debemos entrar en la decisión de
conquistar mercados, en la decisión de romper un circuito
de cooperación que se convierte en un mecanismo de
dependencia aún peor que el que intentó resolver.
Uno de los problemas en Bolivia y creo que en los países
más pequeños es una crónica dependencia
del concepto de cooperación y una incapacidad de resolver
los propios problemas, si esa cooperación deja de llegarnos.
¿Por qué? Porque no hemos hecho el mismo énfasis
en el fortalecimiento de nuestros aparatos productivos y en
la búsqueda de nuestra competitividad, que en la habilidad
para marcar una idea ante el mundo de nuestras debilidades
que exige esa cooperación.
Creo también que cuando hablamos de integrar mercados,
cuando hablamos del ALCA, cuando hablamos de programas bilaterales
de integración a través de tratados de libre
comercio, debemos encontrar mecanismos de compensación
y de equidad que deben, inevitablemente, ser parte de esas
propuestas de la relación bilateral o multilateral,
en función del tamaño de nuestros países.
Y creo que en el tema de las relaciones internacionales tenemos
que hacer énfasis en que las relaciones entre nuestros
países, las buenas relaciones entre nuestros países,
son indispensables, porque garantizan y permiten un comercio
fluido, un proceso de integración, un desarrollo de
regiones complementarias.
Y es aquí en donde quiero hacer un énfasis particular.
Buenas relaciones internacionales pasan, a nuestro criterio,
por la necesidad de resolver cuestiones que, por una razón
de justicia, deben resolverse.
Hoy, porque miramos al futuro con fe, convocamos al presidente
Lagos y al Gobierno de Chile a buscar con nosotros una solución
definitiva a nuestra demanda marítima, sobre premisas
muy claras pero que creemos pueden ser muy efectivas.
Un diálogo en cualquier escenario, fundamentalmente
un diálogo, sea el escenario bilateral, sea el que
auspicie cualquier país o grupo de países amigos,
sea el que se haga en el marco de la iniciativa de una institución
multilateral, además, una voluntad real de buscar una
solución definitiva a este tema.
Y en tercer lugar, la capacidad que tengamos de mirar en el
horizonte los beneficios que traerá esa solución,
no sólo para ambos países, Bolivia y Chile,
sino también para la región.
Señores Jefes de Estado, menciono este tema, en este
escenario interamericano, porque de verdad creo que el momento
que viven nuestras sociedades, los desafíos y riesgos
que afrontan, nos obligan a dar respuestas de fondo a problemas
de fondo, con la mente abierta, seguros de que la única
causa por la que vale luchar es la de aquellos a los que nos
debemos, y porque comparto plenamente la idea de que América
puede y debe ser una nación de repúblicas hermanas.
Muchas gracias.
(Intervención del presidente de Bolivia, Carlos Mesa,
en la Cumbre Extraordinaria de las Américas, en Monterrey,
el 13 de enero de 2004, ante 34 mandatarios)
"Convocamos al presidente Lagos y al Gobierno de Chile
a buscar con nosotros una solución definitiva a nuestra
demanda marítima".