Señor presidente del Congreso Nacional y de la Cámara
de Senadores; señor presidente de la Cámara de
Diputados; señor presidente de la Corte Suprema de Justicia;
señor presidente y miembros de la Corte Nacional Electoral;
señores ministros de Estado; señores miembros
del Alto Mando militar; señora ex presidenta de la República;
señor ex vicepresidente de la República, señor
prefecto de La Paz, señor Alcalde de La Paz, señores
jefes de partidos políticos, honorables senadores, senadoras,
honorables diputados, diputadas, señoras y señores
miembros del cuerpo diplomático acreditado en Bolivia,
ciudadanas y ciudadanos de Bolivia.
Nos han tocado vivir en un momento particularmente importante
de la historia del país, nos ha tocado vivir un momento
de transición y de cambio y eso ha marcado nuestro desafío
ante la historia. Ser capaces de encaminar adecuadamente e inteligentemente
ese proceso de cambio para construir una sociedad boliviana
mejor, más justa, más equitativa con menos exclusión.
Parte de ese desafío, que las circunstancias y la acción
popular generaron a partir de octubre del 2003 era la definición
de un nuevo pacto social, un nuevo pacto social que establece
como encarará Bolivia este comienzo del siglo XXI, con
qué mentalidad y en qué dirección.
La primera decisión que creo intenté encarnar
el 17 de octubre, fue la de que era indispensable la participación
popular en el debate, la decisión y la redacción
de una nueva Constitución Política del Estado.
Ese debate y esa decisión lo dijeron los bolivianos debe
hacerse a través de una asamblea constituyente. Es sobre
la idea de un nuevo pacto social definido por una asamblea constituyente
que debimos plantear nuestra reforma constitucional.
¿Qué representa entonces esta reforma que el Congreso
sancionó el día de ayer, y que he promulgado hoy
día?, significa que el país asume ese proceso
de transición histórica y este texto constitucional
reformado es parte de un proceso de transición. No es
en consecuencia el final del camino, sino el tránsito
de ese camino hacia el objetivo de la asamblea constituyente.
Era indispensable llevarlo adelante porque los bolivianos decidimos
que aún en los momentos más difíciles estamos
dispuestos a caminar dentro del marco de nuestra democracia
y dentro del marco de nuestro actual pacto social.
Esa decisión es una demostración de madurez aún
en los momentos más difíciles y aún en
el trance más crítico, no renunciamos a nuestra
ley, a nuestro pacto social, a nuestro texto constitucional.
La aprobación de los 15 artículos de esta reforma
son una afirmación de voluntad democrática y de
voluntad de mantenernos en el marco de la ley.
Si los bolivianos queríamos, como de hecho queremos,
mayor participación ciudadana a través de 3 mecanismos:
la iniciativa legislativa ciudadana, el referéndum y
la asamblea constitucional. Decidimos que esos mecanismos tenían
que estar inscritos en este texto, en nuestra carta magna, y
hacerlo aún a sabiendas de que tenemos una meta más
profunda, en la que la participación se expresará
a través de asambleístas constituyentes elegidos
por el pueblo.
Este es por lo tanto el marco conceptual de esta reforma constitucional
que promulgo hoy. La constitución de 1967 fue aprobada
un 2 de febrero, han pasado 37 años desde entonces, fue
reformada por los mecanismos que ella misma estableció
un 12 de agosto de 1994, casi diez años desde esa última
reforma constitucional, este segundo paso de reformar el texto
constitucional marca la idea de la continuidad esencial de una
filosofía, pero a la vez, abre un nuevo espacio que no
habíamos considerado desde la carta magna bolivariana
de 1825, aunque de hecho a lo largo de nuestra historia, las
15 reformas a la Constitución, se marcaron varias de
ellas a partir de asambleas constituyentes, o cuerpos colegiados
constituyentes con diversa denominación.
Pero el origen de esas decisiones de entonces no habían
sido contempladas por las cartas constitucionales anteriores,
sino frecuentemente por la decisión unilateral de un
nuevo poder, más de una vez de facto, que establecía
unilateralmente llevar adelante una reforma o parcial, o casi
total de la constitución sin la continuidad del propio
mandato del texto.
Esta es la diferencia histórica que nuestra constitución
reformada hoy está marcando: el hecho de que la decisión
de una reforma total de nuestra constitución se hace
dentro del marco que la propia carta magna establece como posible
y como necesario en caso de que así el pueblo lo decida.
Hemos avanzado también, aprovechando estas circunstancias
y en función de la ley de necesidad de reforma aprobada
en la anterior legislatura, en algunos cambios que ya ha mencionado
el presidente del Congreso. Los requerimientos de nuestros compatriotas
para no perder su nacionalidad boliviana, aún en el caso
de adquirir la nacionalidad del país donde están
residiendo, marca una vinculación con el país
y marca también la posibilidad de derechos jurídicos
importantísimos referidos a la propiedad y otros de quienes
aún viviendo fuera, siguen vinculados a la patria.
La desmonopolización de los partidos políticos
es un salto histórico fundamental. Es el concepto de
apertura a que el ciudadano y la ciudadana puedan postularse
en cualquier cargo sin necesidad de pertenecer a un partido
y en función de agrupaciones de diversa naturaleza. Eso
tiene que ver con la palabra participación.
La demanda de que el Parlamento de la Nación no sea un
paraguas para cubrir la corrupción, el concepto de la
inviolabilidad parlamentaria que tiene una naturaleza esencialmente
política y que se había desnaturalizado para proteger
actos que vulneran la ley de otra naturaleza que están
vinculados al ámbito civil y penal, queda en este caso
terminada. Ese paraguas desaparece y se recupera el concepto
político, cediendo lo que tenía que cederse, el
que una diputada, un diputado, una senadora, un senador, pueda
ser juzgado en función de un mecanismo eliminando el
concepto de impunidad.
La idea del referéndum que era muy importante, no solamente
como concepto, como una institución de la ley constitucional,
sino porque parte de las propuestas fundamentales que hice el
17 de octubre tienen que ver con la inauguración de este
mecanismo hoy constitucional en un tema central que tuvo que
ver con los acontecimientos de octubre: una política
energética y una decisión de Bolivia en torno
a qué quieren hacer con sus recursos hidrocarburíferos
y en particular con su gas.
Estos son algunos de los elementos, no he mencionado otros porque
ya lo ha hecho con claridad el presidente del Congreso.
Pero yo quiero destacar en esta oportunidad, algo que me parece
fundamental. El Congreso Nacional ha trabajado con seriedad,
ha trabajado con responsabilidad, ha trabajado con coherencia
en un tema crucial para nuestro futuro, quiero destacarlo. Quiero
felicitar a los congresistas, porque han hecho bien su trabajo.
Frecuentemente la sociedad boliviana tiene una mirada crítica,
algunas de las veces con razón, sobre lo que hace el
Congreso Nacional, y son pocas las oportunidades en que la sociedad
reconoce los méritos del Congreso. Como Presidente de
la República quiero hacerlo hoy a nombre del país,
porque creo que reflejo la opinión del país. Haber
llevado adelante esta reforma constitucional muestra que el
Congreso actúa con responsabilidad en sus desafíos
históricos, y que aún considerando las diferencias
ideológicas, considerando el momento particularmente
difícil que atraviesa el grupo político, ha sido
capaz de encarar esta reforma que era indispensable.
En lo personal y como Presidente quiero agradecer esa actitud
del Congreso, porque viabiliza una agenda política central,
no solamente la agenda política que el presidente ha
presentado el 17 de octubre, sino, creo, la agenda política
de Bolivia. Si no aprobábamos en este tiempo y con la
rapidez y coherencia con que se ha hecho la reforma a la constitución,
no íbamos a poder encarar desafíos que son parte
de mi compromiso y creo que son parte del compromiso compartido
de los senadores y diputados, el referéndum que nos permite
definir la política del gas y la certeza de que hay una
voluntad clara e inequívoca de ir hacia una asamblea
constituyente.
Estos son compromisos que tenemos que cumplir, y para poder
cumplirlos teníamos que aprobar esta reforma. Vamos a
presentar en los próximos días, en cuanto el Congreso
reinicie sus sesiones, el proyecto de ley de referéndum.
Una vez aprobado el proyecto de ley del Referéndum, haremos
inmediatamente la convocatoria a este, para que en los próximos
90 días después de esa convocatoria se defina
en ese referéndum la decisión del pueblo boliviano
sobre temas tan cruciales.
El Congreso tendrá luego que trabajar arduamente en la
aprobación de una ley de la asamblea constituyente como
lo establece el artículo, los mecanismos de voto, cómo
vamos a elegir a nuestros asambleístas, en qué
fecha lo vamos a hacer.
Estos son pasos que demuestran que hay una voluntad compartida,
estos son pasos que demuestran que es posible trabajar armónicamente
entre el poder Legislativo y el poder Ejecutivo, y eso me hace
pensar con optimismo que será posible gobernar, como
lo habíamos planteado en octubre, de manera razonable,
en un poder Ejecutivo sin partidos políticos, con un
Parlamento que aprueba leyes que son necesarias para el país,
sin que el poder Ejecutivo le cargue las malas noticias al Parlamento,
sin que el Parlamento se confronte con el poder Ejecutivo, y
sin que eso quiera decir, que no hay independencia ni coordinación.
Por el contrario, este es el tiempo en que es posible demostrar
que verdaderamente hay una independencia de poderes, pero que
es necesaria y habrá, una coordinación entre poderes.
Soy optimista, pensando que podemos trabajar juntos. El éxito
de mi gobierno depende de un trabajo que sea permanente, lado
a lado y de buena fe con el Parlamento nacional, pero el éxito
de mi gobierno será el éxito de una sociedad boliviana
que en este momento de transición histórica tiene
un horizonte claro, sabe exactamente qué es lo que quiere
hacer, y está dispuesto a hacerlo, sin dudad, con seriedad
y sobre todo con un sentido de patriotismo que hoy más
que nunca es indispensable.
Esta reforma a la Constitución Política del Estado
es un paso histórico, pero lo decía no es el final
del camino, sino un paso más hacia ese objetivo que es
la construcción voluntariamente aceptada y con participación
popular, de un nuevo pacto social entre los bolivianos.
Muchas gracias.