PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, CARLOS MESA GISBERT

PROMULGACION DE LA LEY DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL
(La Paz, 20 de febrero de 2004)

Señor presidente del Congreso Nacional y de la Cámara de Senadores; señor presidente de la Cámara de Diputados; señor presidente de la Corte Suprema de Justicia; señor presidente y miembros de la Corte Nacional Electoral; señores ministros de Estado; señores miembros del Alto Mando militar; señora ex presidenta de la República; señor ex vicepresidente de la República, señor prefecto de La Paz, señor Alcalde de La Paz, señores jefes de partidos políticos, honorables senadores, senadoras, honorables diputados, diputadas, señoras y señores miembros del cuerpo diplomático acreditado en Bolivia, ciudadanas y ciudadanos de Bolivia.
Nos han tocado vivir en un momento particularmente importante de la historia del país, nos ha tocado vivir un momento de transición y de cambio y eso ha marcado nuestro desafío ante la historia. Ser capaces de encaminar adecuadamente e inteligentemente ese proceso de cambio para construir una sociedad boliviana mejor, más justa, más equitativa con menos exclusión.
Parte de ese desafío, que las circunstancias y la acción popular generaron a partir de octubre del 2003 era la definición de un nuevo pacto social, un nuevo pacto social que establece como encarará Bolivia este comienzo del siglo XXI, con qué mentalidad y en qué dirección.
La primera decisión que creo intenté encarnar el 17 de octubre, fue la de que era indispensable la participación popular en el debate, la decisión y la redacción de una nueva Constitución Política del Estado. Ese debate y esa decisión lo dijeron los bolivianos debe hacerse a través de una asamblea constituyente. Es sobre la idea de un nuevo pacto social definido por una asamblea constituyente que debimos plantear nuestra reforma constitucional.
¿Qué representa entonces esta reforma que el Congreso sancionó el día de ayer, y que he promulgado hoy día?, significa que el país asume ese proceso de transición histórica y este texto constitucional reformado es parte de un proceso de transición. No es en consecuencia el final del camino, sino el tránsito de ese camino hacia el objetivo de la asamblea constituyente.
Era indispensable llevarlo adelante porque los bolivianos decidimos que aún en los momentos más difíciles estamos dispuestos a caminar dentro del marco de nuestra democracia y dentro del marco de nuestro actual pacto social.
Esa decisión es una demostración de madurez aún en los momentos más difíciles y aún en el trance más crítico, no renunciamos a nuestra ley, a nuestro pacto social, a nuestro texto constitucional. La aprobación de los 15 artículos de esta reforma son una afirmación de voluntad democrática y de voluntad de mantenernos en el marco de la ley.
Si los bolivianos queríamos, como de hecho queremos, mayor participación ciudadana a través de 3 mecanismos: la iniciativa legislativa ciudadana, el referéndum y la asamblea constitucional. Decidimos que esos mecanismos tenían que estar inscritos en este texto, en nuestra carta magna, y hacerlo aún a sabiendas de que tenemos una meta más profunda, en la que la participación se expresará a través de asambleístas constituyentes elegidos por el pueblo.
Este es por lo tanto el marco conceptual de esta reforma constitucional que promulgo hoy. La constitución de 1967 fue aprobada un 2 de febrero, han pasado 37 años desde entonces, fue reformada por los mecanismos que ella misma estableció un 12 de agosto de 1994, casi diez años desde esa última reforma constitucional, este segundo paso de reformar el texto constitucional marca la idea de la continuidad esencial de una filosofía, pero a la vez, abre un nuevo espacio que no habíamos considerado desde la carta magna bolivariana de 1825, aunque de hecho a lo largo de nuestra historia, las 15 reformas a la Constitución, se marcaron varias de ellas a partir de asambleas constituyentes, o cuerpos colegiados constituyentes con diversa denominación.
Pero el origen de esas decisiones de entonces no habían sido contempladas por las cartas constitucionales anteriores, sino frecuentemente por la decisión unilateral de un nuevo poder, más de una vez de facto, que establecía unilateralmente llevar adelante una reforma o parcial, o casi total de la constitución sin la continuidad del propio mandato del texto.
Esta es la diferencia histórica que nuestra constitución reformada hoy está marcando: el hecho de que la decisión de una reforma total de nuestra constitución se hace dentro del marco que la propia carta magna establece como posible y como necesario en caso de que así el pueblo lo decida.
Hemos avanzado también, aprovechando estas circunstancias y en función de la ley de necesidad de reforma aprobada en la anterior legislatura, en algunos cambios que ya ha mencionado el presidente del Congreso. Los requerimientos de nuestros compatriotas para no perder su nacionalidad boliviana, aún en el caso de adquirir la nacionalidad del país donde están residiendo, marca una vinculación con el país y marca también la posibilidad de derechos jurídicos importantísimos referidos a la propiedad y otros de quienes aún viviendo fuera, siguen vinculados a la patria.
La desmonopolización de los partidos políticos es un salto histórico fundamental. Es el concepto de apertura a que el ciudadano y la ciudadana puedan postularse en cualquier cargo sin necesidad de pertenecer a un partido y en función de agrupaciones de diversa naturaleza. Eso tiene que ver con la palabra participación.
La demanda de que el Parlamento de la Nación no sea un paraguas para cubrir la corrupción, el concepto de la inviolabilidad parlamentaria que tiene una naturaleza esencialmente política y que se había desnaturalizado para proteger actos que vulneran la ley de otra naturaleza que están vinculados al ámbito civil y penal, queda en este caso terminada. Ese paraguas desaparece y se recupera el concepto político, cediendo lo que tenía que cederse, el que una diputada, un diputado, una senadora, un senador, pueda ser juzgado en función de un mecanismo eliminando el concepto de impunidad.
La idea del referéndum que era muy importante, no solamente como concepto, como una institución de la ley constitucional, sino porque parte de las propuestas fundamentales que hice el 17 de octubre tienen que ver con la inauguración de este mecanismo hoy constitucional en un tema central que tuvo que ver con los acontecimientos de octubre: una política energética y una decisión de Bolivia en torno a qué quieren hacer con sus recursos hidrocarburíferos y en particular con su gas.
Estos son algunos de los elementos, no he mencionado otros porque ya lo ha hecho con claridad el presidente del Congreso.
Pero yo quiero destacar en esta oportunidad, algo que me parece fundamental. El Congreso Nacional ha trabajado con seriedad, ha trabajado con responsabilidad, ha trabajado con coherencia en un tema crucial para nuestro futuro, quiero destacarlo. Quiero felicitar a los congresistas, porque han hecho bien su trabajo.
Frecuentemente la sociedad boliviana tiene una mirada crítica, algunas de las veces con razón, sobre lo que hace el Congreso Nacional, y son pocas las oportunidades en que la sociedad reconoce los méritos del Congreso. Como Presidente de la República quiero hacerlo hoy a nombre del país, porque creo que reflejo la opinión del país. Haber llevado adelante esta reforma constitucional muestra que el Congreso actúa con responsabilidad en sus desafíos históricos, y que aún considerando las diferencias ideológicas, considerando el momento particularmente difícil que atraviesa el grupo político, ha sido capaz de encarar esta reforma que era indispensable.
En lo personal y como Presidente quiero agradecer esa actitud del Congreso, porque viabiliza una agenda política central, no solamente la agenda política que el presidente ha presentado el 17 de octubre, sino, creo, la agenda política de Bolivia. Si no aprobábamos en este tiempo y con la rapidez y coherencia con que se ha hecho la reforma a la constitución, no íbamos a poder encarar desafíos que son parte de mi compromiso y creo que son parte del compromiso compartido de los senadores y diputados, el referéndum que nos permite definir la política del gas y la certeza de que hay una voluntad clara e inequívoca de ir hacia una asamblea constituyente.
Estos son compromisos que tenemos que cumplir, y para poder cumplirlos teníamos que aprobar esta reforma. Vamos a presentar en los próximos días, en cuanto el Congreso reinicie sus sesiones, el proyecto de ley de referéndum. Una vez aprobado el proyecto de ley del Referéndum, haremos inmediatamente la convocatoria a este, para que en los próximos 90 días después de esa convocatoria se defina en ese referéndum la decisión del pueblo boliviano sobre temas tan cruciales.
El Congreso tendrá luego que trabajar arduamente en la aprobación de una ley de la asamblea constituyente como lo establece el artículo, los mecanismos de voto, cómo vamos a elegir a nuestros asambleístas, en qué fecha lo vamos a hacer.
Estos son pasos que demuestran que hay una voluntad compartida, estos son pasos que demuestran que es posible trabajar armónicamente entre el poder Legislativo y el poder Ejecutivo, y eso me hace pensar con optimismo que será posible gobernar, como lo habíamos planteado en octubre, de manera razonable, en un poder Ejecutivo sin partidos políticos, con un Parlamento que aprueba leyes que son necesarias para el país, sin que el poder Ejecutivo le cargue las malas noticias al Parlamento, sin que el Parlamento se confronte con el poder Ejecutivo, y sin que eso quiera decir, que no hay independencia ni coordinación. Por el contrario, este es el tiempo en que es posible demostrar que verdaderamente hay una independencia de poderes, pero que es necesaria y habrá, una coordinación entre poderes.
Soy optimista, pensando que podemos trabajar juntos. El éxito de mi gobierno depende de un trabajo que sea permanente, lado a lado y de buena fe con el Parlamento nacional, pero el éxito de mi gobierno será el éxito de una sociedad boliviana que en este momento de transición histórica tiene un horizonte claro, sabe exactamente qué es lo que quiere hacer, y está dispuesto a hacerlo, sin dudad, con seriedad y sobre todo con un sentido de patriotismo que hoy más que nunca es indispensable.
Esta reforma a la Constitución Política del Estado es un paso histórico, pero lo decía no es el final del camino, sino un paso más hacia ese objetivo que es la construcción voluntariamente aceptada y con participación popular, de un nuevo pacto social entre los bolivianos.
Muchas gracias.


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