(La Paz, 03 de febrero de 2004)
El próximo 6 de febrero, dentro de apenas tres días,
se cumple la mitad exacta del mandato constitucional 2002-2007.
Es un momento importante porque independientemente de lo que
significó históricamente el 17 de octubre, no
se ha roto, como no podía ser de otra manera, el mandato
constitucional de un periodo de cinco años que está
a punto de llegar a su ecuador.
Esa fecha sumada a los acontecimientos vividos en las últimas
semanas, marcaba la necesidad de formular una visión
renovadora en el poder Ejecutivo, visión que como ocurre
en toda etapa de un periodo constitucional, está referida
a los desafíos de la circunstancia y de la coyuntura,
sin perder de vista la larga línea de aquel mandato que
establecimos, creo que con bastante claridad, el pasado 17 de
octubre del 2003.
Este enfoque viene acompañado de un cambio en el gabinete
de ministros que me acompaña, adicionalmente a una modificación
en lo que se refiere a las delegaciones presidenciales y el
nombramiento de una autoridad muy importante en un momento crucial
para la economía y sobre todo lo que se refiere a la
política de hidrocarburos que tiene el país: la
máxima figura de Yacimientos Petrolíferos Fiscales
Bolivianos.
Hemos cumplido a nuestra vez, como parte de esos dos años
y medio de un mandato constitucional, un año y tres meses
de gobierno, que no me cabe la menor duda, han tenido esa combinación
siempre entendible en momentos de crisis, de tensiones, presiones,
momentos muy difíciles, con resultados que creo, si somos
objetivos e intentamos tener una visión honesta de lo
que hicimos, han sido en general muy positivos.
Me han acompañado hasta aquí dos gabinetes, el
que nombré el 19 de octubre del 2003 y el que nombré
el 13 de abril de 2004. Y una gran parte, una columna vertebral,
para decirlo de algún modo de este gabinete de octubre,
está hoy aquí y tiene la renovación de
mi confianza.
Otra parte, dejó funciones en abril pasado y otra deja
funciones hoy día. A ustedes queridos ministros y amigos,
que me han acompañado durante este tiempo, quiero expresarles
mi más profundo agradecimiento, agradecimiento porque
sin ninguna duda demostraron ser personas de bien.
Porque sin ninguna duda demostraron que hacían honor
al desafío más importante de este gobierno, que
era el de actuar con honestidad y hacer las cosas con transparencia.
Lo han hecho de una manera extraordinaria, pero también
demostraron su capacidad, su idoneidad para el cargo que han
desempeñado.
Quiero expresarles a mi nombre, al de los colegas que permanecen
en el gabinete, pero sobre todo a nombre del país, mi
más profundo agradecimiento, porque fueron y son valientes,
porque fueron consistentes con su compromiso, porque se atrevieron
en uno de los momentos más duros y difíciles de
la historia republicana del país.
Así que, muchísimas gracias, cuentan con mi amistad
permanente y con la seguridad de que yo cuento con ustedes,
independientemente del lugar que ocupen a partir de hoy.
En cuanto se refiere al nuevo gabinete: una premisa fundamental
es la que acabo de mencionar, quiero contar entre sus miembros:
ministros y delegados presidenciales, la certeza de que la honestidad,
la transparencia y la idoneidad son condiciones sine qua non
para estar en el gobierno, y esas son condiciones que dijimos
que se cumplan y que hasta ahora afortunadamente se han cumplido.
Estoy seguro que los nuevos miembros del gabinete tienen exactamente
esa misma lógica.
Y quiero expresar también la idea de la pluralidad; pluralidad
en todos los sentidos, en el sentido político, en el
sentido de las ideas, en el sentido de las propuestas, en la
condición de ser capaces de responder a este momento
y a algunos de los desafíos más importantes a
los que voy a referirme en un instante.
Notarán ustedes que he hecho un énfasis muy grande
en el tema mujer. Cuando tuve mi primer gabinete expresé
que una de mis tareas pendientes, o mis materias que quedaban
un poco en suspenso, era demostrar que creemos en la mujer y
que tenemos que darle a la mujer una oportunidad de igualdad.
No la tenemos todavía en la totalidad de los miembros,
pero si no me equivoco creo que es el gabinete que tiene mas
mujeres desde la fundación de la república en
una sola composición de ministros.
Y esto no puede ser una concesión, es un reconocimiento,
y estoy seguro de que las mujeres que integran este gobierno
a partir de hoy demostrarán que efectivamente este concepto
de la igualdad es un concepto por el que el país debe
luchar día a día.
Mencionar también que más allá de la política
o de los partidos, como dije el 17 de octubre, mi idea es contar
con quienes creo que tienen las características de representar
mejor al país en el poder Ejecutivo.
Y por eso no tengo ningún tipo de temor, en cuanto a
escoger a alguien que milita en un partido político,
que es parte del Parlamento Nacional, que representa sin embargo
en lo personal y en sus ideas, consistencia, idoneidad y honestidad,
esa valentía que tenemos que tener para demostrarle a
Bolivia que aquí la única luz roja para entrar
al gabinete, está vinculada a quién es enemigo
de Bolivia, está vinculada a quien es amigo de la deshonestidad,
está vinculada a quien está buscando intereses
subalternos y no los intereses de todos, porque de lo contrario
estaríamos generando falsos estigmas sobre quienes han
hecho de su vida política y de su vida partidaria, una
verdadera profesión de fe.
¿Qué es lo que representa este cambio y porque
se hace?, este cambio representa la necesidad de fortalecer
nuestro camino en la política y en la economía,
y darle al gobierno una característica de responsabilidad
social más clara de la que ha tenido hasta hoy.
Y quiero decirlo y subrayarlo, el discurso de este gobierno
y el discurso de este presidente, no es un discurso de circunstancias
distinto para distintos auditorios. Es un discurso que responde
a una ida claramente planteada cuando comenzamos y que es exactamente
igual en cualquiera de los escenarios donde el gobierno se mueve
y donde el presidente está.
Y en este contexto en la política tenemos dos tareas
que están inmediatamente pendientes: el proceso de elección
de prefectos de departamento y el proceso de autonomías,
que es una cosa y la Asamblea Constituyente que es la segunda
en nuestras metas hasta el 6 de agosto de 2007.
En lo que se refiere a elección de prefectos y consecución
de autonomías, quiero recordar intencionalmente la fecha
de abril de 2004, cuando el presidente, conmemorando los 10
años de la Participación Popular planteó,
la modificación de los artículos pertinentes a
los prefectos de departamento y el comienzo de un camino de
autonomía.
Las circunstancias han definido una galvanización de
quienes creen profundamente en las autonomías y quienes
creen en su urgencia. Han coincidido en consecuencia las ideas
de nuestro gobierno con las ideas de una región del país.
¿Cómo entendemos la elección de prefectos
y las autonomías?, como un camino irreversible de Bolivia,
que tiene que dar el salto histórico de un centralismo
que cumplió su tarea histórica, y de un proceso
de autonomías que garantice la unidad del país.
Lo he dicho varias veces, las autonomías concebidas adecuadamente
no son enemigas de la unidad, sino por el contrario, pueden
ser las que garanticen en el mediano y el largo plazo la consistencia
de Bolivia. El secreto está en que nuestras ideas, la
emocionalidad, las demandas legítimas, coincidan con
un proceso razonable, pensado, sereno, de cómo encarar
las autonomías y cómo establecer la idea de que
estas no implican confrontación; no implican que haya
un lado que piensa de un modo, y otro que piensa del contrario
y que ambos tienen que estrellarse; no implica dejar al más
débil librado de la mano de Dios y no implica destruir
la posibilidad de ejecución del poder Ejecutivo que representa
los intereses de todos.
Si somos capaces de darle las competencias que necesitan y merecen
a las autonomías; si somos capaces de establecer una
distribución económica justa; si somos capaces
de entender que hay ricos, menos ricos, menos pobres y más
pobres, y que todos tienen que mirar el proceso autonómico
en función de resultados positivos y si entendemos que
la autonomía no es el descuartizamiento del Tesoro General
de la Nación, que tiene responsabilidades nacionales,
creo que podremos encarar inteligentemente y sin miedo el proceso
de autonomía y el proceso de elección de prefectos.
Que el país entienda que este es un camino a la unidad
y no a la división.
En cuanto se refiere a la Asamblea Constituyente, quiero insistir
que la Asamblea Constituyente es el punto más importante
de la agenda de este gobierno. Lo plantee el 17 de octubre del
2003 y es un compromiso del que no me voy a apartar y que compromete
el sentido y la dirección de mi presencia como presidente
de la República.
Una Asamblea Constituyente que en la misma dirección
en que mencioné temas vinculados a las autonomías,
debe ser el gran escenario de confluencia de Bolivia, debe ser
la capacidad de una sociedad de reencontrarse; la capacidad
de una sociedad de diseñar un nuevo país a través
de una nueva Constitución que una a todos.
Es probablemente la tarea mas difícil y ardua que le
haya tocado a Bolivia en décadas y una de las más
difíciles de toda su vida republicana, lo que quiere
decir que estamos obligados a acercarnos a la Asamblea Constituyente
con la seguridad de que la preparamos bien, con la seguridad
de que buscamos ordenadamente su consecución, con la
seguridad de que llegaremos para darnos la mano y no para enfrentárnoslas
con el puño cerrado.
Este es el desafío mayor y debemos aceptarlo de ese modo,
entendiendo que todo escenario en el que intereses muy distintos,
representaciones sociales, étnicas, culturales y políticas
muy diversas van a encontrarse y no va a ser fácil. Pero
la respuesta a su dificultad no es el decirle no a la Asamblea,
porque la Asamblea es un imperativo de la historia, un imperativo
que muchos de nosotros aprendimos a entender y que espero sea
comprendido por todos en ese contexto.
Finalmente el tema económico y social. En el tema económico
tenemos un referente fundamental que es la Ley de Hidrocarburos.
No solamente fundamental porque hace a la economía de
Bolivia, sino sobre todo porque marca un giro en el modelo económico
y en la visión que tuvimos en la década de los
años 90.
La propuesta de una Ley de Hidrocarburos que marque un giro,
histórico, también, en cómo encaramos nuestros
recursos empezando por recuperar la palabra "estratégico",
me parece fundamental.
Espero y creo que están madurando las cosas, para que
el Congreso Nacional, el poder Ejecutivo y el conjunto de la
sociedad boliviana, lleguemos a una ley en la que vuelva a surgir
con fuerza el concepto de una economía mixta, una economía
donde el Estado recupera un escenario que había perdido,
y una economía que cree en la inversión privada,
boliviana y extranjera, que es dinamizadora y generadora de
riqueza; una economía mixta que aprenda de lo que hizo
mal en los años 50, 60, 70; una economía privada
que aprenda de lo que hizo mal en la visión ultraliberal
de los años 90. Lo que vale para la propuesta de la Ley
de Hidrocarburos, vale también para la orientación
de nuestro gobierno en economía.
El mes de febrero del 2004 lancé un programa económico,
que creo que respondía a estas ideas, pero que ha tenido
dificultades de gestión y ejecución que debemos
reconocer.
Hay cosas importantes que logramos de ese programa económico,
y otras muchas que no logramos. Y es obligación de este
gabinete plantear una línea que fortalezca lo que está
funcionando de nuestro programa de febrero y que genere nuevas
propuestas sobre la base de una economía mixta, que cree
en el Estado y en la inversión privada boliviana y extranjera.
Quiero simplemente recordarle al país, que el año
2004 tuvimos un crecimiento del Producto Interno Bruto del 3.6
por ciento, que superó en más de un punto y medio
el crecimiento del año 2003.
Quiero recordar que nuestras exportaciones, -que en el año
2003 habían crecido en 17 por ciento-, en el año
2004 crecieron en el 31 por ciento. De 1.570 millones de dólares
pasamos a 2.070 millones de dólares. ¿Mérito
del gobierno?, no, mérito compartido de los exportadores
que creen en Bolivia y de un gobierno que a través de
mecanismos como el subsidio a los hidrocarburos por años,
la construcción de infraestructura carretera, una visión
de compromiso pleno de la integración y la exportación
de Bolivia en el mercado de la Comunidad Andina y el Mercosur,
un conjunto de elementos y medidas que fuimos desarrollando,
lado a lado con el empresariado, marcó nuestro aporte.
La lógica de que, todo lo que pasa en un país
es mérito de uno o de otro, es una lógica que
debe romperse. Este es un trabajo común y un trabajo
cuyos resultados debemos celebrar en vez de criticar el uno
al otro, de lo que hizo, pudo hacer o no, lo que no quita la
necesidad de la mirada crítica de nuestras obligaciones.
Quiero recordar que hemos tenido indicadores sociales fundamentales.
En los indicadores nacionales de pobreza hemos reducido un punto
el nivel de pobreza total del país. Pequeñísimo
avance, pero avance.
Quiero recordar que hemos generado empleo y esto ha permitido
bajar en casi un punto nivel de desempleo que está hoy
por encima del 8 y medio por ciento, pero por debajo del 9.7
que era el indicador de pobreza del 2003.
Quiero recordar que en medio de la crisis más dura en
política, el país fue capaz de trabajar austeramente
y reducir el déficit fiscal del 8.1 al 6 por ciento.
Hacerlo en las condiciones en que los ha hecho Bolivia, creo
que merece un mínimo crédito que no es una pretensión
para el presidente ni su gobierno sino para el conjunto del
país.
Y quiero destacar especialísimamente, que lo hicimos
en paz. Quiero destacarlo porque ha sido la tarea más
dura que hemos tenido que soportar desde el gobierno, sobre
la base de las presiones más increíbles, de los
sectores más disímiles, más radicalizados
en un extremo y en otro.
El país quiere paz y es gracias al país, gracias
a los ciudadanos, gracias a su voluntad absoluta de trabajo,
creación y paz, gracias a su compromiso democrático,
que hemos logrado ese resultado. Ciertamente el mérito
es de más de 8 millones de bolivianos que están
dispuestos a comprometerse con una tarea de paz.
Y hemos hecho cosas como un Diálogo Nacional Productivo,
con 60 mil ciudadanas y ciudadanos, reunidos discutiendo, aportando,
pensando y proponiendo a lo largo de más de un año.
El anterior Diálogo Nacional había tenido participación
de algo más de 3.000 personas, no hay experiencia en
el mundo con mayor participación de base de la sociedad
que la de nuestro Diálogo Nacional Productivo, que tiene
un mandato que nos permitirá reelaborar, -y esta es otra
tarea del nuevo gabinete-, una política de lucha contra
la pobreza que sustituya a la estrategia boliviana de reducción
de la pobreza, con méritos indiscutibles, pero con necesidades
de cambio importantes.
Y la tarea social que tenemos pendiente en el ámbito
de la salud, la educación y el trabajo, es una tarea
social que pasa por el Congreso Nacional de la Educación,
es una tarea social que pasa por el acceso universal a la salud,
es una tarea social que demanda, en el más corto plazo,-
tarea pendiente-, una propuesta social creíble y ejecutable
por parte de nuestro gobierno.
Como puede apreciarse es un camino arduo, pero es el camino
estimulante de quien cree en su país en los momentos
más difíciles, y no me cabe la menor duda de que
enfrentaremos presiones, tensiones, situaciones durísimas
y es en ese contexto y no en otro que tendremos que lograr los
resultados hacia adelante.
El balance me parece positivo, reconociendo como siempre lo
he hecho, errores e insuficiencias, reafirmando que este presidente
y este gobierno tiene un solo discurso. Ese discurso no cambia,
las circunstancias históricas a veces generan tiempos
distintos y la inteligencia es responder adecuadamente a estas
demandas, sin que eso haga que tu línea maestra se desvíe,
y sin que eso evite que acepte que hay que cambiar cosas que
estan mal, que hay que incluir propuestas nuevas y que hay que
escuchar al conjunto del país.
Si no somos capaces de escuchar no somos capaces de gobernar
adecuadamente y este es el pedido que le hago a nuestro nuevo
gabinete.
Por supuesto, con la satisfacción de contar con quienes
desde octubre del 2003, o en el camino, siguen al lado del gobierno
y están dispuestos a trabajar con el, como lo estuvieron
los colegas que hoy lo dejan y darles la bienvenida a quienes
van a jurar hoy a su cargo, seguro de que tienen la mística
en la que creemos no solamente el Presidente y ustedes, sino
el conjunto de los bolivianos.