PALABRAS DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, CARLOS MESA, EN LA POSESION DEL NUEVO GABINETE MINISTERIAL


(La Paz, 03 de febrero de 2004)

El próximo 6 de febrero, dentro de apenas tres días, se cumple la mitad exacta del mandato constitucional 2002-2007. Es un momento importante porque independientemente de lo que significó históricamente el 17 de octubre, no se ha roto, como no podía ser de otra manera, el mandato constitucional de un periodo de cinco años que está a punto de llegar a su ecuador.


Esa fecha sumada a los acontecimientos vividos en las últimas semanas, marcaba la necesidad de formular una visión renovadora en el poder Ejecutivo, visión que como ocurre en toda etapa de un periodo constitucional, está referida a los desafíos de la circunstancia y de la coyuntura, sin perder de vista la larga línea de aquel mandato que establecimos, creo que con bastante claridad, el pasado 17 de octubre del 2003.


Este enfoque viene acompañado de un cambio en el gabinete de ministros que me acompaña, adicionalmente a una modificación en lo que se refiere a las delegaciones presidenciales y el nombramiento de una autoridad muy importante en un momento crucial para la economía y sobre todo lo que se refiere a la política de hidrocarburos que tiene el país: la máxima figura de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.


Hemos cumplido a nuestra vez, como parte de esos dos años y medio de un mandato constitucional, un año y tres meses de gobierno, que no me cabe la menor duda, han tenido esa combinación siempre entendible en momentos de crisis, de tensiones, presiones, momentos muy difíciles, con resultados que creo, si somos objetivos e intentamos tener una visión honesta de lo que hicimos, han sido en general muy positivos.


Me han acompañado hasta aquí dos gabinetes, el que nombré el 19 de octubre del 2003 y el que nombré el 13 de abril de 2004. Y una gran parte, una columna vertebral, para decirlo de algún modo de este gabinete de octubre, está hoy aquí y tiene la renovación de mi confianza.


Otra parte, dejó funciones en abril pasado y otra deja funciones hoy día. A ustedes queridos ministros y amigos, que me han acompañado durante este tiempo, quiero expresarles mi más profundo agradecimiento, agradecimiento porque sin ninguna duda demostraron ser personas de bien.


Porque sin ninguna duda demostraron que hacían honor al desafío más importante de este gobierno, que era el de actuar con honestidad y hacer las cosas con transparencia. Lo han hecho de una manera extraordinaria, pero también demostraron su capacidad, su idoneidad para el cargo que han desempeñado.


Quiero expresarles a mi nombre, al de los colegas que permanecen en el gabinete, pero sobre todo a nombre del país, mi más profundo agradecimiento, porque fueron y son valientes, porque fueron consistentes con su compromiso, porque se atrevieron en uno de los momentos más duros y difíciles de la historia republicana del país.


Así que, muchísimas gracias, cuentan con mi amistad permanente y con la seguridad de que yo cuento con ustedes, independientemente del lugar que ocupen a partir de hoy.


En cuanto se refiere al nuevo gabinete: una premisa fundamental es la que acabo de mencionar, quiero contar entre sus miembros: ministros y delegados presidenciales, la certeza de que la honestidad, la transparencia y la idoneidad son condiciones sine qua non para estar en el gobierno, y esas son condiciones que dijimos que se cumplan y que hasta ahora afortunadamente se han cumplido. Estoy seguro que los nuevos miembros del gabinete tienen exactamente esa misma lógica.


Y quiero expresar también la idea de la pluralidad; pluralidad en todos los sentidos, en el sentido político, en el sentido de las ideas, en el sentido de las propuestas, en la condición de ser capaces de responder a este momento y a algunos de los desafíos más importantes a los que voy a referirme en un instante.


Notarán ustedes que he hecho un énfasis muy grande en el tema mujer. Cuando tuve mi primer gabinete expresé que una de mis tareas pendientes, o mis materias que quedaban un poco en suspenso, era demostrar que creemos en la mujer y que tenemos que darle a la mujer una oportunidad de igualdad. No la tenemos todavía en la totalidad de los miembros, pero si no me equivoco creo que es el gabinete que tiene mas mujeres desde la fundación de la república en una sola composición de ministros.


Y esto no puede ser una concesión, es un reconocimiento, y estoy seguro de que las mujeres que integran este gobierno a partir de hoy demostrarán que efectivamente este concepto de la igualdad es un concepto por el que el país debe luchar día a día.


Mencionar también que más allá de la política o de los partidos, como dije el 17 de octubre, mi idea es contar con quienes creo que tienen las características de representar mejor al país en el poder Ejecutivo.


Y por eso no tengo ningún tipo de temor, en cuanto a escoger a alguien que milita en un partido político, que es parte del Parlamento Nacional, que representa sin embargo en lo personal y en sus ideas, consistencia, idoneidad y honestidad, esa valentía que tenemos que tener para demostrarle a Bolivia que aquí la única luz roja para entrar al gabinete, está vinculada a quién es enemigo de Bolivia, está vinculada a quien es amigo de la deshonestidad, está vinculada a quien está buscando intereses subalternos y no los intereses de todos, porque de lo contrario estaríamos generando falsos estigmas sobre quienes han hecho de su vida política y de su vida partidaria, una verdadera profesión de fe.


¿Qué es lo que representa este cambio y porque se hace?, este cambio representa la necesidad de fortalecer nuestro camino en la política y en la economía, y darle al gobierno una característica de responsabilidad social más clara de la que ha tenido hasta hoy.


Y quiero decirlo y subrayarlo, el discurso de este gobierno y el discurso de este presidente, no es un discurso de circunstancias distinto para distintos auditorios. Es un discurso que responde a una ida claramente planteada cuando comenzamos y que es exactamente igual en cualquiera de los escenarios donde el gobierno se mueve y donde el presidente está.


Y en este contexto en la política tenemos dos tareas que están inmediatamente pendientes: el proceso de elección de prefectos de departamento y el proceso de autonomías, que es una cosa y la Asamblea Constituyente que es la segunda en nuestras metas hasta el 6 de agosto de 2007.


En lo que se refiere a elección de prefectos y consecución de autonomías, quiero recordar intencionalmente la fecha de abril de 2004, cuando el presidente, conmemorando los 10 años de la Participación Popular planteó, la modificación de los artículos pertinentes a los prefectos de departamento y el comienzo de un camino de autonomía.


Las circunstancias han definido una galvanización de quienes creen profundamente en las autonomías y quienes creen en su urgencia. Han coincidido en consecuencia las ideas de nuestro gobierno con las ideas de una región del país.


¿Cómo entendemos la elección de prefectos y las autonomías?, como un camino irreversible de Bolivia, que tiene que dar el salto histórico de un centralismo que cumplió su tarea histórica, y de un proceso de autonomías que garantice la unidad del país.


Lo he dicho varias veces, las autonomías concebidas adecuadamente no son enemigas de la unidad, sino por el contrario, pueden ser las que garanticen en el mediano y el largo plazo la consistencia de Bolivia. El secreto está en que nuestras ideas, la emocionalidad, las demandas legítimas, coincidan con un proceso razonable, pensado, sereno, de cómo encarar las autonomías y cómo establecer la idea de que estas no implican confrontación; no implican que haya un lado que piensa de un modo, y otro que piensa del contrario y que ambos tienen que estrellarse; no implica dejar al más débil librado de la mano de Dios y no implica destruir la posibilidad de ejecución del poder Ejecutivo que representa los intereses de todos.


Si somos capaces de darle las competencias que necesitan y merecen a las autonomías; si somos capaces de establecer una distribución económica justa; si somos capaces de entender que hay ricos, menos ricos, menos pobres y más pobres, y que todos tienen que mirar el proceso autonómico en función de resultados positivos y si entendemos que la autonomía no es el descuartizamiento del Tesoro General de la Nación, que tiene responsabilidades nacionales, creo que podremos encarar inteligentemente y sin miedo el proceso de autonomía y el proceso de elección de prefectos.


Que el país entienda que este es un camino a la unidad y no a la división.


En cuanto se refiere a la Asamblea Constituyente, quiero insistir que la Asamblea Constituyente es el punto más importante de la agenda de este gobierno. Lo plantee el 17 de octubre del 2003 y es un compromiso del que no me voy a apartar y que compromete el sentido y la dirección de mi presencia como presidente de la República.


Una Asamblea Constituyente que en la misma dirección en que mencioné temas vinculados a las autonomías, debe ser el gran escenario de confluencia de Bolivia, debe ser la capacidad de una sociedad de reencontrarse; la capacidad de una sociedad de diseñar un nuevo país a través de una nueva Constitución que una a todos.


Es probablemente la tarea mas difícil y ardua que le haya tocado a Bolivia en décadas y una de las más difíciles de toda su vida republicana, lo que quiere decir que estamos obligados a acercarnos a la Asamblea Constituyente con la seguridad de que la preparamos bien, con la seguridad de que buscamos ordenadamente su consecución, con la seguridad de que llegaremos para darnos la mano y no para enfrentárnoslas con el puño cerrado.


Este es el desafío mayor y debemos aceptarlo de ese modo, entendiendo que todo escenario en el que intereses muy distintos, representaciones sociales, étnicas, culturales y políticas muy diversas van a encontrarse y no va a ser fácil. Pero la respuesta a su dificultad no es el decirle no a la Asamblea, porque la Asamblea es un imperativo de la historia, un imperativo que muchos de nosotros aprendimos a entender y que espero sea comprendido por todos en ese contexto.


Finalmente el tema económico y social. En el tema económico tenemos un referente fundamental que es la Ley de Hidrocarburos. No solamente fundamental porque hace a la economía de Bolivia, sino sobre todo porque marca un giro en el modelo económico y en la visión que tuvimos en la década de los años 90.


La propuesta de una Ley de Hidrocarburos que marque un giro, histórico, también, en cómo encaramos nuestros recursos empezando por recuperar la palabra "estratégico", me parece fundamental.

Espero y creo que están madurando las cosas, para que el Congreso Nacional, el poder Ejecutivo y el conjunto de la sociedad boliviana, lleguemos a una ley en la que vuelva a surgir con fuerza el concepto de una economía mixta, una economía donde el Estado recupera un escenario que había perdido, y una economía que cree en la inversión privada, boliviana y extranjera, que es dinamizadora y generadora de riqueza; una economía mixta que aprenda de lo que hizo mal en los años 50, 60, 70; una economía privada que aprenda de lo que hizo mal en la visión ultraliberal de los años 90. Lo que vale para la propuesta de la Ley de Hidrocarburos, vale también para la orientación de nuestro gobierno en economía.


El mes de febrero del 2004 lancé un programa económico, que creo que respondía a estas ideas, pero que ha tenido dificultades de gestión y ejecución que debemos reconocer.


Hay cosas importantes que logramos de ese programa económico, y otras muchas que no logramos. Y es obligación de este gabinete plantear una línea que fortalezca lo que está funcionando de nuestro programa de febrero y que genere nuevas propuestas sobre la base de una economía mixta, que cree en el Estado y en la inversión privada boliviana y extranjera.


Quiero simplemente recordarle al país, que el año 2004 tuvimos un crecimiento del Producto Interno Bruto del 3.6 por ciento, que superó en más de un punto y medio el crecimiento del año 2003.


Quiero recordar que nuestras exportaciones, -que en el año 2003 habían crecido en 17 por ciento-, en el año 2004 crecieron en el 31 por ciento. De 1.570 millones de dólares pasamos a 2.070 millones de dólares. ¿Mérito del gobierno?, no, mérito compartido de los exportadores que creen en Bolivia y de un gobierno que a través de mecanismos como el subsidio a los hidrocarburos por años, la construcción de infraestructura carretera, una visión de compromiso pleno de la integración y la exportación de Bolivia en el mercado de la Comunidad Andina y el Mercosur, un conjunto de elementos y medidas que fuimos desarrollando, lado a lado con el empresariado, marcó nuestro aporte.


La lógica de que, todo lo que pasa en un país es mérito de uno o de otro, es una lógica que debe romperse. Este es un trabajo común y un trabajo cuyos resultados debemos celebrar en vez de criticar el uno al otro, de lo que hizo, pudo hacer o no, lo que no quita la necesidad de la mirada crítica de nuestras obligaciones.


Quiero recordar que hemos tenido indicadores sociales fundamentales. En los indicadores nacionales de pobreza hemos reducido un punto el nivel de pobreza total del país. Pequeñísimo avance, pero avance.


Quiero recordar que hemos generado empleo y esto ha permitido bajar en casi un punto nivel de desempleo que está hoy por encima del 8 y medio por ciento, pero por debajo del 9.7 que era el indicador de pobreza del 2003.


Quiero recordar que en medio de la crisis más dura en política, el país fue capaz de trabajar austeramente y reducir el déficit fiscal del 8.1 al 6 por ciento. Hacerlo en las condiciones en que los ha hecho Bolivia, creo que merece un mínimo crédito que no es una pretensión para el presidente ni su gobierno sino para el conjunto del país.


Y quiero destacar especialísimamente, que lo hicimos en paz. Quiero destacarlo porque ha sido la tarea más dura que hemos tenido que soportar desde el gobierno, sobre la base de las presiones más increíbles, de los sectores más disímiles, más radicalizados en un extremo y en otro.

El país quiere paz y es gracias al país, gracias a los ciudadanos, gracias a su voluntad absoluta de trabajo, creación y paz, gracias a su compromiso democrático, que hemos logrado ese resultado. Ciertamente el mérito es de más de 8 millones de bolivianos que están dispuestos a comprometerse con una tarea de paz.


Y hemos hecho cosas como un Diálogo Nacional Productivo, con 60 mil ciudadanas y ciudadanos, reunidos discutiendo, aportando, pensando y proponiendo a lo largo de más de un año.


El anterior Diálogo Nacional había tenido participación de algo más de 3.000 personas, no hay experiencia en el mundo con mayor participación de base de la sociedad que la de nuestro Diálogo Nacional Productivo, que tiene un mandato que nos permitirá reelaborar, -y esta es otra tarea del nuevo gabinete-, una política de lucha contra la pobreza que sustituya a la estrategia boliviana de reducción de la pobreza, con méritos indiscutibles, pero con necesidades de cambio importantes.


Y la tarea social que tenemos pendiente en el ámbito de la salud, la educación y el trabajo, es una tarea social que pasa por el Congreso Nacional de la Educación, es una tarea social que pasa por el acceso universal a la salud, es una tarea social que demanda, en el más corto plazo,- tarea pendiente-, una propuesta social creíble y ejecutable por parte de nuestro gobierno.


Como puede apreciarse es un camino arduo, pero es el camino estimulante de quien cree en su país en los momentos más difíciles, y no me cabe la menor duda de que enfrentaremos presiones, tensiones, situaciones durísimas y es en ese contexto y no en otro que tendremos que lograr los resultados hacia adelante.


El balance me parece positivo, reconociendo como siempre lo he hecho, errores e insuficiencias, reafirmando que este presidente y este gobierno tiene un solo discurso. Ese discurso no cambia, las circunstancias históricas a veces generan tiempos distintos y la inteligencia es responder adecuadamente a estas demandas, sin que eso haga que tu línea maestra se desvíe, y sin que eso evite que acepte que hay que cambiar cosas que estan mal, que hay que incluir propuestas nuevas y que hay que escuchar al conjunto del país.


Si no somos capaces de escuchar no somos capaces de gobernar adecuadamente y este es el pedido que le hago a nuestro nuevo gabinete.


Por supuesto, con la satisfacción de contar con quienes desde octubre del 2003, o en el camino, siguen al lado del gobierno y están dispuestos a trabajar con el, como lo estuvieron los colegas que hoy lo dejan y darles la bienvenida a quienes van a jurar hoy a su cargo, seguro de que tienen la mística en la que creemos no solamente el Presidente y ustedes, sino el conjunto de los bolivianos.


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