Ciudadanas y ciudadanos de Bolivia:
Éste es un tiempo importante, útil, necesario
para hacer una reflexión profunda sobre el momento
histórico que nos toca vivir y sobre las circunstancias
que tenemos que enfrentar en el plazo inmediato. Es también
un momento para hablar de lo que ofrece y lo que tiene que
hacer nuestro gobierno para solucionar varios desafíos
históricos que el país tiene pendiente.
¿Dónde estamos hoy? En un momento diferente,
radicalmente distinto -creo- al que se planteó entre
el año 1982 y el 2003, en la construcción de
una democracia. La democracia pactada, la democracia de partidos
que establecieron un sistema de gobernabilidad se agotó.
Ese modelo democrático tiene que ser sustituido por
un nuevo modelo de democracia en el que la participación
de las y los ciudadanos sea el eje central sobre el que tenemos
que movernos. Estamos, por lo tanto, en un instante de cambio,
una transición histórica dije yo en mi primer
mensaje presidencial que creo que hoy podemos transformar
en una palabra: cambio. Cambio que debemos encarar con responsabilidad
y a partir de desafíos muy concretos.
¿Qué es lo que se ha ido con esa democracia
de pactos? No solamente una forma de hacer política,
sino sobre todo un conjunto de relaciones que permitieron
a nuestra sociedad funcionar de manera relativamente adecuada.
El gran problema de Bolivia hoy es que se ha quebrado la relación
entre el Estado y la sociedad. Ese quiebre de esa relación
pone en peligro la convivencia civilizada entre compatriotas.
¿Qué representa esto? Representa el desafío
de recomponer esa relación sobre la base de dos premisas.
La primera: la ciudadanía responsable. Si no nos convertimos
en ciudadanos responsables individualmente, no entenderemos
lo que es funcionar en democracia. Y ser ciudadano responsable
quiere decir aceptar que tenemos derechos, demandarlos y aplicarlos;
pero aceptar también que tenemos deberes que cumplir,
deberes que implican una responsabilidad de cada uno de nosotros
para con nuestros compatriotas, los otros ciudadanos y el
Estado.
El otro elemento fundamental que se ha quebrado peligrosamente
es el cumplimiento de la ley. Aquel concepto de Franz Tamayo
que sostiene que la única servidumbre que no mancha
es la servidumbre a la ley es el que no estamos comprendiendo
adecuadamente. Si no entendemos que hay una ley mayor, la
Constitución Política del Estado y un conjunto
de leyes que nos obligan como ciudadanos, no podremos construir
una sociedad democrática, tolerante y civilizada.
El cumplimiento de la ley implica que aún en la demanda
más justa, sepamos que hay una norma que debemos aceptar
porque es parte del pacto social que hemos trabajado juntos,
y que hemos aceptado unos y otros cuando constituimos esta
República. Cualquier sociedad civilizada, cualquier
sociedad que pretenda construir el futuro racionalmente, tiene
que basarse en el concepto de ciudadanía responsable
y en el concepto del cumplimiento de la Ley.
¿Qué queremos aportar a esta nueva construcción
democrática? Algo que es fundamental: honestidad y
transparencia. Honestidad de quienes gobernamos, transparencia
para mostrar claramente lo que hacemos, pero también
honestidad de ustedes, de cada uno de los bolivianos y transparencia
en lo que hace cada uno de los bolivianos.
Esta es la lección fundamental. La lección más
importante es que seamos capaces de derrotar a la corrupción,
no solamente en acciones concretas -que es nuestra obligación-
sino a partir de un cambio de mentalidad y a partir de una
estructura de responsabilidad que camine con base en una acción
honesta y transparente. Eso marca una diferencia esencial
en la relación que tienen los poderes del Estado, de
independencia y coordinación.
Poderes del Estado: independencia y coordinación
El Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial
deben funcionar -y de hecho están funcionando quizás
por primera vez en nuestra historia- de manera independiente.
Eso quiere decir que ni el Presidente de la República,
ni un ministro de Estado, ni otra autoridad del Ejecutivo
puede levantar el teléfono y hablar con el Fiscal General
de la República o con un miembro de la Corte Suprema
de Justicia para pedirle que haga algo en función de
un determinado interés.
Eso quiere decir que un juicio le corresponde al Poder Judicial;
eso quiere decir que la apertura de una causa le corresponde
al Ministerio Público y que ni yo como Presidente ni
ninguno de los miembros del Poder Ejecutivo podemos ni debemos
interferir en su trabajo. La garantía de la independencia
de poderes es uno de los secretos fundamentales para que una
democracia funcione adecuadamente y lo propio vale para el
Poder Legislativo. Terminó aquel tiempo en que el Presidente
de la República era propietario de una bancada, era
propietario de una mayoría y podía definir e
imponer condiciones para la aprobación de leyes. Este
es un tiempo en el que el Poder Legislativo trabaja de manera
independiente pero debe hacerlo de manera coordinada con el
Poder Ejecutivo.
Este es el desafío más grande que tiene nuestra
democracia en el ámbito político, que el presidente
y su gobierno sean capaces de gobernar con el Poder Legislativo.
Y esto es algo muy importante que quiero establecer y subrayar:
no es posible pensar en el éxito de nuestra gestión
de gobierno sin pensar en el éxito del trabajo común,
conjunto e indispensable entre Poder Ejecutivo y Congreso
Nacional. No hay democracia sin Congreso, no hay democracia
sin Poder Legislativo. El Poder Legislativo -que es la representación
de la soberanía popular- tiene que estar a la altura
de este desafío histórico como tengo que estarlo
yo y el conjunto de los ministros de Estado.
Mi demanda al Poder Legislativo es en consecuencia, que seamos
capaces de trabajar con responsabilidad, desprendimiento,
buena fe; sin chantajes ni míos ni del Congreso para
que el país pueda contar con una estructura legislativa
indispensable para llevar adelante este desafío histórico.
Congreso y Poder Ejecutivo son parte de la responsabilidad
de gobierno que tenemos todos de cara a ustedes, que son un
país que está esperando respuestas claras y
concretas en varios ámbitos de nuestra actividad.
A este propósito, creo que es oportuno hablar del mandato
constitucional de mi gobierno y de mi presidencia. Quiero
dejar claramente establecido que mi responsabilidad constitucional
es gobernar hasta el 6 de agosto del año 2007. Ésta
es una responsabilidad que me toca y que voy a cumplir con
el máximo esfuerzo personal, toda mi voluntad y por
supuesto, toda mi fe de trabajo en favor de Bolivia. Como
lo he dicho más de una vez, yo soy un servidor del
país y el mandato que el país le ha dado a este
servidor es gobernar hasta el 6 de agosto de 2007.
Eso quiere decir que tenemos que construir una estructura
de pensamiento en nuestra cabeza -no la mía- la del
conjunto del país, orientada a que el cumplimiento
de ese mandato es parte del éxito de este tiempo que
nos ha tocado vivir. A este propósito, cabe también
insistir en que las amenazas, los plazos, las posiciones ultra
radicalizadas, el trabajar un discurso para el público,
el buscar los aplausos de quienes quieren las cosas ahora
mismo; es una mecánica que no es buena para el país,
que no responde al conjunto de la sociedad boliviana.
No es cierto que esos sectores ultra radicales representen
hoy las demandas de Bolivia. Las demandas de Bolivia son construir
una nueva democracia, ir hacia una Asamblea Constituyente,
lograr un país civilizado; pero sobre todo generar
trabajo, generar creativamente una acción productiva
que no es posible en la lógica del no, en la lógica
del bloqueo, en la lógica de la amenaza, en la lógica
del chantaje. ¿Que hay demandas justas?, por supuesto
que sí. ¿Que hay derechos constitucionales?,
por supuesto que sí. ¿Que las y los ciudadanos
tienen derecho a ejercerlos?, sin duda; pero que no sea partir
de plazos y amenazas. No le tengo miedo a las amenazas porque
no me ata al poder otra cosa que mi responsabilidad de servidor
público.
Esto es lo que he querido decir varias veces; que no se entienda
desapego o falta de valor para enfrentar el desafío
al 2007. Que se entienda que estoy en una lógica radicalmente
distinta a la que la política tradicional de Bolivia
nos ha acostumbrado, y ojalá que podamos comprender
ese diálogo en la confrontación democrática
y no en la lógica destructiva del no por el no.
Mi primer compromiso: el Referendum del gas
Quiero mencionar ahora un conjunto de temas que hacen a la
agenda política de Bolivia, y aquí debo referirme
a mi primer compromiso: el referendum del gas.
Vamos a hacer el Referendum. Es un compromiso que voy a cumplir.
Pero hay que decir -a propósito del referendum- que
se ha producido una serie de circunstancias que han cambiado
parte del escenario. El Referendum del gas se basó
en la disyuntiva de si los bolivianos queríamos o no
vender nuestro gas, exportarlo fuera de Bolivia.
Varias razones que ustedes conocen muy bien habían
marcado líneas distintas. Un sector del país
que dijo que no hay que vender el gas y otro que dijo que
sí hay que venderlo. Por eso la necesidad de un referendum.
En el ínterin se ha producido una circunstancia muy
importante. La posibilidad de exportar gas a México
y a Estados Unidos se ha eliminado por lo menos en lo que
se refiere al contrato de exportación a California.
Dirá alguno que no había ningún contrato
firmado por Bolivia y que por lo tanto, no ha perdido nada.
Ésa es una verdad a medias. Todos saben que había
un compromiso firme y una carta de intenciones y que las posibilidades
de la oferta boliviana eran sin duda las mejores para hacer
esa exportación.
La razón por la que la empresa norteamericana Sempra
ha firmado un contrato con una empresa de Indonesia está
referida a los acontecimientos de octubre, a una posición
muy importante que se ha visto internacionalmente que pareciera
decir que los bolivianos no queríamos vender el gas
y al hecho de que hemos decidido hacer un referendum que se
puede ganar o se puede perder. Ésos son los elementos
que plantearon una decisión de parte de esta empresa
para no hacer un acuerdo con Bolivia.
Se nos ha cerrado una puerta y negarlo sería un absurdo.
Decir que eso no tiene ninguna importancia sería mentir,
es una situación compleja. Hoy la apertura de mercados
para nuestro gas es difícil y va a demandar un doble
trabajo. El volumen de gas que nos iba a comprar el mercado
norteamericano era muy grande, algo parecido al que nos compra
Brasil, y encontrar un mercado similar en otra parte del mundo
no va a ser tarea de coser y cantar.
¿Cuán grave es esto? Es grave en la medida en
que Bolivia necesita aumentar sus ingresos para que todos
y cada uno de las y los ciudadanos bolivianos tengamos una
situación económica mejor. Si queremos mejores
salarios, si queremos más maestros, si queremos más
médicos, si queremos mejor infraestructura; el país
tiene que recibir más dinero que le permita invertir
más y mejorar las condiciones de vida.
Esa es la razón por la que tenemos que vender nuestras
materias primas. Dirá el ciudadano que no se trata
de vender por vender, que no podemos aceptar que se venda
el gas simplemente, que tenemos que demostrar que el primer
beneficiario es el ciudadano boliviano, es cierto; pero no
podemos suponer que el mundo entero está esperando
qué decide Bolivia, que el único país
con posibilidades de vender gas es Bolivia.
En el mundo hay más de 2,500 trillones de pies cúbicos
de gas, de los cuales Bolivia tiene 54. Eso quiere decir que
hay muchísimo gas que se puede comprar en otras partes
del mundo y que Bolivia es una de muchas opciones. En una
competencia internacional de seguridad, calidad y precio;
Bolivia está en un margen relativamente pequeño,
aunque en América Latina seamos un país muy
importante en reservas.
Sobre esa base, ¿qué es lo que propongo para
el Referendum? Primero, una campaña de información
transparente que le diga a cualquiera de ustedes cuidadanas
y ciudadanos bolivianos la verdad sobre el gas, sin sesgos
ni intencionalidades, de manera transparente, para que cuando
usted decida en el Referendum, tenga una información
correcta y completa. Segundo, vamos a presentar la licitación
ya, es decir vamos a hacer publica la licitación de
instalaciones gratuitas de gas domiciliario para que hasta
el 2007 superemos las 200.000 conexiones de gas. Para que
usted sepa que el primer beneficiario del gas es el ciudadano
boliviano. Antes del Referendum, vamos a presentar el programa
de acción para la transformación de vehículos
de gasolina y gas licuado a gas natural comprimido, con el
compromiso de que si usted quiere transformar su vehículo
de GLP o de gasolina a gas, el equipo que usted necesita sea
gratuito, de modo que esa transformación no tenga el
costo de aproximadamente 700 dólares que le significaría
comprarlo.
Adicionalmente, vamos a conformar una comisión del
más alto nivel y de la más alta credibilidad
para que en un tiempo razonable, le diga a Bolivia cuáles
son las posibilidades reales de industrialización de
nuestro gas y de nuestros hidrocarburos, de añadir
valor agregado y no solamente vender gas. Que nos informe
sobre la posibilidad de desarrollar termoeléctricas,
industrias petroquímicas, transformación de
gas a líquidos como ingredientes que le dan mayor valor
a nuestra materia prima. Ésta es una posibilidad que
debemos explotar y debemos llevar adelante. Ojalá que
esa comisión nos pueda dar un resultado positivo que
nos permita encarar rápidamente inversiones públicas
y privadas para que el gas tenga un valor agregado.
Y finalmente, el tema más importante de nuestro compromiso
antes del Referendum es la modificación de la Ley de
Hidrocarburos. Es la presentación al Congreso Nacional
de una nueva Ley de Hidrocarburos que tiene fundamentalmente
tres características. La primera: más impuestos
para Bolivia. Que las empresas petroleras que han invertido
en nuestro país nos paguen un mayor porcentaje de impuestos;
que no signifique un abuso de Bolivia a las petroleras, pero
que sí refleje esa sensación de que el negocio
es bueno para ellos y para nosotros; que signifique mayor
equidad en la distribución tanto para los inversionistas
como, sobre todo, para el pueblo boliviano.
Segunda característica: la necesidad de recuperar la
idea de soberanía sobre nuestros hidrocarburos. La
recuperación de la soberanía sobre nuestros
hidrocarburos nos permitirá decidir precios internos
que ahora están atados a un concepto de precio internacional
que no es aceptable, respetando el concepto fundamental de
propiedad y soberanía definido por la Constitución
Política del Estado.
Y la tercera y última característica: el fortalecimiento
de YPFB. Que la empresa petrolera de las y los bolivianos
pueda, en el futuro, encarar contratos, encarar iniciativas,
encarar trabajos como inversionista en emprendimientos compartidos
con inversionistas extranjeros o locales; o en emprendimientos
de la propia empresa que tienen mucho que hacer, por ejemplo,
en la instalación de gas domiciliario. Ese fortalecimiento
tiene que recuperar la idea de un YPFB sólido que es
una idea que fue fundamental en el pasado.
Estos son los aspectos que yo comprometo antes del referendum.
Me preguntarán fechas. En lo que se refiere a gas domiciliario,
en lo que se refiere a la transformación de gas vehicular,
en lo que se refiere a la presentación de la Ley de
Hidrocarburos; estos tres instrumentos estarán listos
antes del 31 de enero de 2004.
En lo que se refiere al Referendum, éste se realizará
el 28 de marzo de 2004. En esa fecha, las y los bolivianos
tomaremos una decisión sobre este tema crucial que
son nuestros hidrocarburos y fundamentalmente, nuestro gas.
Complemento con un pedido muy encarecido al Congreso Nacional:
que cumpla su compromiso de aprobar la Ley de Hidrocarburos
antes del Referendum. Ojalá que pueda ser en el mes
de febrero, la primera quincena de ese mes sería ideal.
Nosotros vamos a presentar un proyecto que el Congreso debatirá
y al cual podrá hacer modificaciones. Esperamos lograr
un consenso para que tengamos una buena ley, útil para
las y los bolivianos.
Y el otro compromiso que le pido al Congreso es el nombramiento
de los miembros de la Corte Nacional Electoral que faltan
para que pueda encarar de manera adecuada, transparente y
creíble el Referendum que es un instrumento vital de
cara a nuestro futuro.
Asamblea Constituyente: un nuevo pacto social
Continúo con el tema político. Tenemos que hablar
de la Asamblea Constituyente. Ese fue otro compromiso que
hice como Presidente de la República y es un compromiso
que quiero cumplir porque hace a algunos asuntos esenciales
de Bolivia. ¿Qué quiere decir Asamblea Constituyente?
Quiere decir que Bolivia ha decidido construir un nuevo Pacto
Social. El Pacto Social más importante de las y los
bolivianos es la Asamblea Constituyente porque es la definición
de esa nueva Constitución. Hace a la democracia, a
cómo concebimos nuestro manejo de los recursos naturales,
hace al tema de la tierra, hace a esa cuestión fundamental
que el país está debatiendo que es si queremos
seguir siendo una República unitaria o si se pueden
encontrar caminos hacia el federalismo o las autonomías
o a la profundización de la descentralización
o a la regionalización. Es decir, cómo nos concebimos
conviviendo entre regiones, entre ciudadanos, en función
de los recursos que tenemos y cuál es nuestro modelo
democrático. Por lo tanto, construir una Asamblea Constituyente
en la que todos los bolivianos tengamos algo que decir es
sin duda, una gigantesca e importantísima tarea.
¿Cuáles son los pasos que debemos dar? Yo quiero
demandarle al Congreso Nacional los siguientes pasos:
Me parece fundamental la aprobación de la Reforma Constitucional
porque ustedes saben que hay una Ley de Necesidad de Reforma
que fue aprobada en el gobierno del Presidente Quiroga y está
hoy en consideración del Congreso Nacional. La Reforma
Constitucional debe incluir la Asamblea Constituyente como
un mecanismo válido y aceptado por nuestra Constitución.
Eso es lo único que nos va a permitir contar con una
Asamblea Constituyente dentro del marco de la democracia,
eso es lo que yo llamo la constitucionalización de
la Asamblea Constituyente.
Pero dirán ustedes ¿para qué hacer una
reforma solamente para este paso?, podríamos ir a una
ley interpretativa. La respuesta es que además, la
Reforma Constitucional incluye elementos fundamentales en
este proceso. Primero, el referendum. Si el 28 de marzo vamos
a llevar adelante un referendum, la Constitución tiene
que contemplarlo y eso nos permite dejar fuera de dudas su
legitimidad por estar incluido en la Reforma Constitucional
que estará en debate en el parlamento.
Segundo, la desmonopolización de los partidos. Que
los partidos no sean el único camino para elegir a
los miembros de la Asamblea Constituyente, que cualquier organización
o grupo ciudadano o persona pueda presentarse como candidato
a ser miembro de la Asamblea Constituyente sin tener necesariamente
que formar parte de un partido político. Éste
es un elemento central que justifica la Reforma a la Constitución
Política del Estado.
Estos dos aspectos -el referendum y la desmonopolización
de los partidos- están incluidos y sólo así
podremos encarar el referendum y la Asamblea Constituyente
de manera adecuada. Pero además, la Reforma Constitucional
incluye temas tan importantes como el fin de la impunidad
parlamentaria, ese tema que nos ha preocupado tanto. Que se
termine la protección de la corrupción cuando
alguien es diputado o senado. Eso está incluido en
la Reforma, junto a aspectos complementarios como la doble
nacionalidad que tantos compatriotas que viven en Argentina,
Estados Unidos, Perú o Brasil están pidiendo
desesperadamente porque no quieren perder la nacionalidad
boliviana, pero necesitan adquirir la nacionalidad del país
donde viven para tener mejores condiciones de vida.
Estos son algunos de los muchos temas que pueden ayudarnos
a avanzar. Por lo tanto, quiero pedirle al Congreso Nacional
que apruebe la Reforma Constitucional, que incluya la Asamblea
Constituyente y que lo hagamos antes del mes de marzo. Que
entre enero y febrero, el Congreso pueda hacer esa aprobación
que me parece fundamental para encarar la Asamblea y para
que el país sepa que de verdad queremos hacer una Asamblea
Constituyente. Creo que la Asamblea debe basarse en el voto
directo y personal de cada uno de los ciudadanos. El voto
es el instrumento fundamental de la democracia y los cuatro
millones de bolivianos que tienen derecho a votar por ser
mayores de edad, deben a emitir su voto para elegir a quienes
quieren que los representen en la Asamblea Constituyente.
Ojalá que el Congreso Nacional preserve el concepto
fundamental que dice: un ciudadano, un voto. Ello vale para
la elección municipal, vale para la elección
general y debe valer para la elección de los miembros
de la Asamblea Constituyente.
¿Cuándo deberíamos realizar la Asamblea?
Yo quiero -en este tema- mencionar cuál es el cronograma
que va a encarar el país en los próximos meses
y en los próximos años. El año 2004,
vamos a tener dos procesos de elección: uno, el referendum
el 28 de marzo y otro, las elecciones municipales el primer
domingo de diciembre de 2004. Aprovecho la oportunidad para
ratificar como presidente, mi compromiso de que esa elección
se lleve adelante el primer domingo de diciembre de 2004 como
lo manda la ley.
Si Bolivia va a encarar dos procesos electorales el 2004,
¿le conviene hacer la elección de la Asamblea
Constituyente este mismo año? Es una pregunta que dejo
abierta. ¿Cuánto tiempo se requiere para que
una vez instalada la Constituyente, podamos tener sus debates,
respuestas y resultados? ¿Es conveniente esta elección
el 2004? ¿Será prudente el primer semestre de
2005? Es un tema que el país debe debatir. Como se
trata de una responsabilidad fundamentalmente legislativa,
dejo planteada la interrogante al Congreso y a las y los ciudadanos.
Queda claro nuestro compromiso de llevar adelante el Referendum
y de llevar adelante la Asamblea Constituyente que tiene que
ver con la construcción de una nueva democracia.
El Estado: protagonista de la economía nacional
Quiero hablar ahora de un aspecto central del que depende
el éxito o el fracaso no del presidente ni de su gobierno,
sino del país. Me refiero al aspecto económico.
¿Cómo vamos a marcar la posibilidad de salir
de la recesión económica, reactivar la economía
como desafío y generar trabajo para los bolivianos
-que es una demanda que el país no ha podido resolver
en los últimos cinco años-? Hemos trabajado
en la idea de que podemos apoyarnos en algunas columnas fundamentales:
el gas es una de ellas, la generación de trabajo es
otra, la solidaridad en un momento como éste es la
tercera y la transparencia es la cuarta.
La generación de empleo tiene que basarse en actividades
que sean dinámicas, precisamente en la posibilidad
de multiplicar las fuentes de trabajo. No me cabe la menor
duda de que las instalaciones de gas domiciliario -estamos
hablando de una meta de más de 200.000 instalaciones
hasta el 2007- va a marcar un hito en el momento en el que
empiece su ejecución. Esto tiene que ser en los próximos
meses, la licitación estará antes del 31 de
enero lo que nos permite pensar que va a ser un sector altamente
dinámico en generación de trabajo, pero no es
suficiente desde luego.
Queremos marcar aquí un concepto que es el concepto
de las alianzas. No podemos seguir adelante en la idea de
que hay una responsabilidad del Estado por un lado, y hay
una responsabilidad de los agentes privados, grandes empresarios,
medianos, pequeños y micro empresarios; por el otro.
No son dos escenarios separados y permítanme aprovechar
para decirles algo que probablemente marca un giro de enfoque
en relación al pasado inmediato. Estoy absolutamente
convencido de que el Estado no puede continuar en la filosofía
de regulador u observador exclusivamente. En un momento como
éste, el Estado tiene la obligación de jugar
un papel protagónico en la economía del país.
El mercado es ciego y esa ceguera habla de mala redistribución,
esa ceguera habla de que hay sectores que concentran la riqueza,
esa ceguera habla de que la pobreza no va a poder resolverse
si dejamos todo librado a las fuerzas del mercado.
Hablo pues de un Estado protagonista, no del viejo Estado
generado en 1952 porque creo que debemos aprender las lecciones
del pasado, pero tampoco de un Estado que quita las manos
de su responsabilidad fundamental. Por eso el concepto de
alianzas tiene sentido, porque lo que nosotros queremos es
reunirnos con los agentes de la economía. ¿Qué
es lo que ellos le ofrecen a Bolivia?, ¿qué
es lo que usted que es un pequeño o gran empresario
quiere hacer para construir esta sociedad en su ámbito,
que puede ser la producción textil o que puede ser
la producción de café o cualquier otra actividad?
Y ¿qué es lo que usted necesita que yo como
representante del Estado le dé? Esa idea de una alianza
quiere decir que nos debemos sentar en la misma mesa para
definir de manera común estrategias de crecimiento
y estrategias de productividad.
Y hablando de un Estado que tiene un sentido de participación
mucho más directa en la economía, quiero decir
que debemos hablar de sectores prioritarios, de los cuales
vamos a preocuparnos especialmente porque creemos que allí
podemos encontrar una generación importante de empleo.
Estoy hablando sin duda de la industria manufacturera. Permítanme
mencionarles un dato. Bolivia logrará al 31 de diciembre
de 2004 -y digo logrará porque no tengo los datos a
esa fecha y sí los tengo hasta noviembre- una exportación
superior a los 1.500 millones de dólares.
Esto es importante porque Bolivia ha venido exportando en
los últimos cinco años entre 1.200 y 1.300 millones
de dólares. Hemos incrementado nuestras exportaciones
a más de 1.500 millones de dólares. Insuficiente,
no nos hace felices, pero estamos mejor que en el pasado.
De esos más de 1.500 millones de dólares que
Bolivia ha exportado el 2003, 700 tienen que ver con la industria
manufacturera. En otras palabras es una industria que no solamente
genera empleo, sino que está generando exportaciones.
Es nuestro primer rubro de exportación, más
que el gas que representa 331 millones de dólares de
exportación.
Tenemos, por lo tanto, que impulsar al sector manufacturero
porque genera empleo y porque exporta. Y tenemos que decirle
a quien exporta que terminemos con el asunto del IVA y el
retraso de los CEDEIM y la burocracia y la lentitud y las
promesas que no se cumplen de nuestra parte para hacer más
eficiente su trabajo. Estos son aspectos fundamentales, este
sector es crucial. Allí tenemos a la producción
textil, allí tenemos la necesidad vital de apertura
de mercados. Hablaré de ello más adelante,
El turismo es vital. No es posible que un país amigo
como Perú tenga solamente en Cusco una presencia de
más de 1 millón de turistas de los cuales recogemos
-para decirlo de manera figurada- menos de 200 mil. Tenemos
que lograr vincularnos a los circuitos que tienen otros países
para que los turistas entren a zonas tan extraordinarias como
el Lago Titicaca, el Salar de Uyuni, Tiahuanacu por supuesto,
y la zona del Oriente boliviano con las misiones de Chiquitos.
Tenemos que inventar conceptos como vuelos charter para entrada
directa desde Europa y Estados Unidos, tenemos que trabajar
en la mejora de infraestructura y tenemos que cambiar nuestra
mentalidad. Si usted quiere turismo en el Salar de Uyuni y
en el Lago Titicaca, pero simultáneamente es protagonista
de bloqueos de una semana, dos semanas o un mes; será
imposible que contemos con esos turistas. Y usted que vive
en Copacabana o en el Altiplano o en la reserva Eduardo Avaroa,
a la vez que quiere recibir ingresos porque le puede dar artesanías,
comida y alojamiento al turista; le está poniendo piedras
en el camino; se está poniendo piedras en el camino
usted y nos las está poniendo al país.
Es decir, si tenemos una vocación por el turismo, no
podemos tener la lógica de bloquearnos a nosotros mismos.
Más allá de la cosa política y no quiero
hacer demagogia, quiero simplemente marcar una mentalidad
que nos permita entender que vocación por el turismo
quiere decir puertas abiertas, facilidades y un grato estar
para quienes nos van a visitar. Tenemos que trabajar en el
ámbito del turismo para generar una muy importante
cantidad de empleos y lo podemos lograr.
Tenemos que trabajar en la vivienda que es otro sector prioritario,
y ahí tenemos un 2 por ciento de aporte a la vivienda
que hacen los empresarios y que tiene que convertirse en un
fondo que le dé un pie para entrar en la compra de
una casa a una familia pobre, a una familia marginal, a una
familia que más allá de la clase media -que
es la única que tiene acceso a la vivienda- pueda tener
la casa propia.
Estamos hablando de casas de 2.500, 3.000, 3.500 dólares.
Estamos hablando de un fondo que le permita colocar la cuota
inicial y que permita razonablemente -en el margen de los
salarios que gana- un plazo largo con intereses bajos para
poder acceder a una vivienda. Ello genera una dinámica
de construcción de viviendas -que lo sabemos todos-
es altamente generadora de empleo. Por lo tanto, este fondo
y un concepto hipotecario nuevo nos van a ayudar a trabajar
claramente en eso que es generar trabajo, dar empleo y a la
vez, reactivar la economía.
Hay otros elementos fundamentales como la agroindustria. Por
supuesto que sí. Cuando hablo de agroindustria, estoy
hablando básicamente aunque no exclusivamente de soya
y sus derivados. El Oriente boliviano y el departamento de
Santa Cruz generan 307 millones de dólares de exportaciones
en soya y derivados. Es decir, de manera individual la soya
es el segundo producto de exportación después
del gas: 331 el gas, 307 la soya.
No podemos darnos el lujo de que esa producción corra
peligro. Es más, hemos tenido una gran cosecha el año
2003 y eso ha dado resultados muy importantes desde el punto
de vista de las exportaciones. ¿Qué está
pasando en el tema de nuestras exportaciones de soya y otros?
Estoy hablando del azúcar, estoy hablando del aceite.
Empezamos a afrontar problemas con mercados que hoy son fundamentales,
básicamente de la Comunidad Andina de Naciones. Hablamos
de Perú, hablamos de Venezuela, hablamos de Colombia.
Lo que está pasando hoy en los procesos de integración
es que los países que son parte de la Comunidad Andina
están empezando a hacer acuerdos bilaterales con el
Mercosur y un acuerdo bilateral de Perú o de Colombia
o de Venezuela marca el fin de ciertas barreras que hacían
competitiva a la soya boliviana. Esto quiere decir que la
soya boliviana en las actuales condiciones tiene ventajas
desde el punto de vista arancelario para venderse en países
de la Comunidad Andina, que dejará de tener después
de los acuerdos bilaterales.
¿Qué marca esto? Algo que vale para la soya
y que vale para cualquier otro producto que queramos exportar.
Necesitamos abrir mercados, lo que quiere decir, necesitamos
hacer tratados de libre comercio. Tratados de libre comercio
quiere decir un acuerdo bilateral con Perú por ejemplo,
o con Venezuela o con Estados Unidos de Norteamérica.
Uno, para que las condiciones de competitividad de nuestros
grandes productos sigan funcionando; y dos, para que esos
productos que no tienen mercados hoy día los tengan.
Bolivia hoy tiene el beneficio del ATPDEA. ¿Qué
es el ATPDEA? Es un acuerdo entre Estados Unidos y los países
andinos que nos permite la exportación de una cantidad
muy importante de productos liberados para entrar a Estados
Unidos. Ese acuerdo va a terminar el año 2006. Si el
acuerdo se termina, el incremento de nuestras exportaciones
en el ámbito textil que en el año 2003 fue del
60 por ciento, no seguirá creciendo y al contrario
tendremos una caida en las exportaciones. No podemos esperar
sentados a que el 2006 llegue y no haya más ATPDEA,
tenemos que sustituir ese acuerdo con un acuerdo de libre
comercio con Estados Unidos.
¿Por qué estoy subrayando este tema? Porque
en el país hay una doble lectura. ¿Qué
te pide el microempresario, qué te pide ese pequeño
empresario que tiene dos, tres, cuatro personas que trabajan
para él y que produce artesanías? Necesito mercados.
¿Qué te pide el gran empresario? Necesito mercados.
¿Por qué? Porque el mercado boliviano es pequeño,
tiene poco poder adquisitivo, no tenemos mucha plata para
comprar lo que nuestros productores pueden ofrecer.
Esos productores por lo tanto, necesitan abrir el mercado
y el mercado del mundo es un mercado gigantesco. Alguno de
ustedes pensará que lo que el presidente nos está
contando es que quiere meterse en el ALCA, olvídense
del ALCA por un momento. Lo que el presidente quiere es decirle
a quien ha pedido mercados: Sí, voy a trabajar duramente
para conseguir mercados, pero usted que me pide mercados no
grite cuando hago un acuerdo de libre comercio con Estados
Unidos, porque lo que yo tengo que lograr es un acuerdo equilibrado,
que no represente ventajas por un lado y grandes desventajas
por el otro.
El ALCA, ustedes lo saben, es parte hoy de un gran debate
mundial, digo mal, de un gran debate hemisférico. Hay
líneas críticas con el ALCA y nosotros compartimos
la posición por ejemplo de Brasil, de un ALCA light
y creemos que es indispensable trabajar fuertemente en un
ALCA que no termine por dañar severamente nuestra base
industrial por falta de competitividad, pero hoy no estoy
hablando del ALCA, estoy hablando de nuestra necesidad y espero
su confianza para abrir tratados de libre comercio con varias
naciones empezando por Estados Unidos.
Vuelvo al tema de los escenarios estratégicos o para
decirlo mejor, prioritarios. Por supuesto, me refiero al ámbito
rural. Tenemos que lograr hacer verdad aquello de las cadenas
productivas. Si no logramos cerrar nuestras cadenas productivas,
vamos a seguir jugando a un área rural absolutamente
abandonada y absolutamente olvidada. Ese es un contexto que
nos obliga a inversiones directas muy claras. Les menciono
un ejemplo: para el año 2004, hemos comprometido 25
millones de dólares para riego adicional al que ya
existe por supuesto, que va a ampliar en 10 mil hectáreas
las que ya tenemos con riego en el país, que va a beneficiar
a 10.000 familias y que marca nuestro compromiso. Estoy poniendo
solamente un ejemplo que es -dirán ustedes- insuficiente,
pero me parece fundamental para poder lograr un escenario
diferente con mayor condición y mayor productividad.
Diálogo Nacional: participación y transparencia
En el tema de la inversión en las zonas rurales, tenemos
que hablar del Diálogo Nacional. Yo quiero que ustedes
estén absolutamente seguros de que el Diálogo
Nacional es para mí un compromiso de primerísima
importancia. El Diálogo se abrió hace algunas
semanas y va a tener una gran trascendencia en la primera
parte de 2004. El Diálogo es que usted que está
en una pequeña comunidad del Altiplano o del Chaco
o del Beni o de Santa Cruz, va a reunirse -antes incluso de
la reunión de su municipio- para definir sus prioridades,
sus requerimientos de inversión y de orientación
del dinero del Estado boliviano, para que luego el municipio
plantee su discusión, para que luego la región,
el Departamento haga su propuesta y para que, finalmente en
la punta de la pirámide, se reúnan en un gran
debate, un gran diálogo todos aquellos que han recogido
lo que el conjunto de la ciudadanía quiere para establecer
una estrategia.
El Diálogo es participación, el Diálogo
es la profundización de esa medida fundamental de la
Participación Popular. El Diálogo es reconocer
que el municipio es un elemento, un instrumento esencial de
nuestra democracia. El Diálogo nos planteará
las prioridades de inversión. En general, las primeras
lecturas que hemos hecho de quienes están en el Diálogo
Nacional son: queremos cadenas productivas, queremos mercados,
queremos mayor productividad.
¿Cuáles son las mayores críticas? Los
fondos no funcionan, y no les falta razón. Hay un equipo
de fondos. Hablamos del FNDR y del FPS. Si no logramos que
los fondos marquen una ruta rápida, si no logramos
que la plata de los fondos llegue donde debe llegar, si no
resolvemos el tema de la contraparte que ha bloqueado cantidades
importantísimas de cooperación internacional;
no vamos a tener éxito, sobre todo en el área
rural.
Nuestro compromiso es eficiencia, transparencia y rapidez
en la ejecución, y la posibilidad de replantear el
concepto -sobre todo en la primera fase y en determinados
municipios de la contraparte- para hacer viable que el dinero
de la cooperación que manejan los fondos y el propio
dinero de los fondos esté llegando a donde tiene que
llegar. Si el FPS y el FNDR no funcionan, la dinámica
de reactivación económica en las zonas de las
que estamos hablando, no van a funcionar.
Y con esto quiero hacer una reflexión: No hay muchas
cosas nuevas que inventar. Y yo no voy a comprometer ni les
voy a contar una película maravillosa porque les mentiría.
Lo que tengo que conseguir es que aquellos recursos con los
que contamos, que aquellos mecanismos que ya existen, funcionen
adecuadamente, de manera transparente -éste es un tema
que todos ustedes nos han pedido- pero también de manera
eficiente.
En lo que se refiere al área rural, estamos hablando
de la necesidad de proyectos de electrificación que
están en marcha y estamos hablando de la capacidad
que tengamos de ofrecer capacitación técnica
e instrumentos mínimos como semillas para hablar de
un elemento básico. Eso pasa porque aquello que ya
existe lo podamos usar bien, porque en la medida en que lo
hagamos, vamos a poder contar con mayor cooperación
internacional que nos permita incrementar los niveles ya existentes.
Columna de la solidaridad
Esto tiene que ver con otro desafío que hemos definido
como la columna de la solidaridad. Esa columna de la solidaridad
va a traducirse en un mecanismo que toma como modelo el Fondo
Social de Emergencia, que cuenta con 50 millones de dólares
que vienen de la Corporación Andina de Fomento y del
Banco Interamericano de Desarrollo, que tienen como destinatarios
a los sectores más conflictivos que ha tenido la sociedad.
Por supuesto estoy pensando en la ciudad de El Alto, estoy
pensando en áreas importantes del Altiplano boliviano,
y también en otros sectores de más alta pobreza
del país.
Cuando se habla de la más alta pobreza, uno siempre
dice: Norte de Potosí. Sin duda eso es verdad, pero
también hay altísima pobreza en el séptimo
anillo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Con esto quiero
decir que no estamos pensando en un tipo de inversión
social exclusivamente para un área geográfica.
Sí vamos a colocar esa inversión de manera rápida
en sectores muy críticos, pero no podemos olvidarnos
de otras áreas del país que requieren de esa
inversión.
Este Fondo Social de Emergencia, con un monto tan significativo,
tiene que funcionar rápidamente, tener un costo administrativo
muy bajo y tener un alto grado de eficiencia. El secreto que
divide el éxito del fracaso en el área económica
es rapidez y capacidad de decisión inmediata. Ojalá
que podamos conseguirlo, ése es mi compromiso fundamental.
El mar: un tema crucial
Quiero referirme ahora a otro tema que es crucial y que hace
a la más importante cuestión histórica
que tiene pendiente el país: me refiero a la demanda
marítima boliviana.
Primero, decirles que los acontecimientos de octubre -entre
otros temas fundamentales- tuvieron a la reivindicación
marítima boliviana en el ojo de la tormenta. Lo sabemos,
una de las preguntas o una de las posibilidades si vendíamos
el gas -que ya no podemos vender a Estados Unidos- era por
qué puerto saldría nuestro gas; y cuando se
mencionó la posibilidad de que fuese un puerto chileno,
una gran parte de los bolivianos dijo: no queremos que vaya
por un puerto chileno porque nosotros tenemos algo pendiente
con Chile y antes de favorecer a un área determinada
de ese país, queremos que Chile reivindique a Bolivia
y le devuelva la soberanía marítima. Ese fue
un razonamiento fundamental.
El problema marítimo boliviano en consecuencia, no
es solamente una cuestión para resolver el problema
de dos países: Chile y Bolivia. El problema marítimo
boliviano se convirtió en octubre, en un elemento potencial
de desestabilización de la región porque se
puso en juego la democracia boliviana, porque se generó
una situación de incertidumbre terrible y de gran peligro
para la estabilidad global, y los países vecinos y
los países de la región se preocuparon porque
el ejemplo boliviano podía haber cundido en otras naciones.
Por eso hoy el tema marítimo boliviano atañe
al conjunto de la región y por eso, la estabilidad
de la región pasa -a nuestro entender- por la solución
de nuestro problema marítimo.
Quiero usar esta circunstancia para agradecer -porque creo
que a nombre de los bolivianos debo hacerlo- al Presidente
de Venezuela, Hugo Chávez; al Presidente de Cuba, Fidel
Castro; al Presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula Da Silva;
al Presidente de Uruguay, Jorge Batlle; al ex Presidente de
Estados Unidos, Jimmy Carter; al Secretario General de las
Naciones Unidas, Koffi Annan; porque todos ellos a nombre
de sus organizaciones, o de sus países, o de sus convicciones,
apoyaron y apoyan hoy a Bolivia, y eso, esas voces de solidaridad
con Bolivia ratifican mi criterio, ratifican que se han dado
cuenta de que además de que el pedido de Bolivia es
justo, tiene que ver con la estabilidad de la región.
Quiero por eso demandar a Chile una actitud que entienda que
estamos en el Siglo XXI, que entienda que no vamos a resolver
una relación fluida -necesaria porque somos complementarios
de aquí en el futuro- si no resolvemos el tema de la
soberanía boliviana. No es simplemente colocar un problema
o marcar un desafío de mi parte como Presidente. En
absoluto. Es reflexionar con los estadistas, con el Presidente
de Chile, con el pueblo chileno, sobre un destino común.
Estoy convencido de que Chile y Bolivia podemos construir
un destino común, pero que sólo lo podremos
hacer cuando nuestra soberanía sea restituida.
Y quiero también en la eventualidad de que la solución
del problema marítimo boliviano pase por una decisión
del Perú, apelar a la solidaridad del pueblo peruano.
No tengo que repetir lo que bolivianos y peruanos sabemos:
países estrechamente unidos por la cultura, por la
historia, por el pasado, el presente y el futuro. Ojalá
que Perú pueda dar una respuesta positiva -si fuese
menester- en un tema de fundamental importancia para Bolivia.
En ese contexto es que voy a trabajar, en ese contexto es
que he convocado a más de una decena de ex cancilleres
de la República para discutir una estrategia que trabajemos
con ustedes, con el pueblo de Bolivia, con el parlamento boliviano;
en cuanto tengamos una definición después de
estas reuniones y por supuesto, en nuestro trabajo de vinculación
internacional en las reuniones multilaterales o bilaterales
que nos toque llevar adelante en los próximos meses
y en los próximos años.
Coca: una política de Estado
El tema de la coca. Quiero ser enfático en decir que
la coca es parte de una política de Estado, que tenemos
una ley que debemos cumplir y que el norte de este gobierno,
como de los anteriores gobiernos, es el cumplimiento de esa
ley que define la existencia de coca legal y que define la
existencia de coca excedentaria que debe ser erradicada.
Creo que una política sensata sobre la coca pasa por
cumplir la ley, pero pasa también por entender las
características que su cumplimiento demanda. Hay una
cantidad importante de población de nuestro país,
de compatriotas que producen coca excedentaria y tenemos que
ir en un camino correcto para que la transición no
sea traumática. Creo que debemos sentarnos a conversar,
creo que debemos hacer una negociación sobre la base
del cumplimiento de la ley.
No me parece que la lógica del gobierno sea cumplir
la ley independientemente de lo que pase, ni que la lógica
de los productores de coca sea seguir produciendo coca excedentaria
que va al narcotráfico porque ése es el único
camino. Si planteamos posiciones de esa naturaleza, no habrá
solución. Debemos aceptar que la coca excedentaria
va al narcotráfico y debemos reconocer nosotros que
hay un tema económico y un tema social y un tema humano
que resolver. Si somos capaces de sentarnos a negociar sobre
ese escenario y sobre esas premisas, pondré lo más
importante de mi buena fe y de mi voluntad para lograr una
solución definitiva a lo que se ha convertido en un
trauma nacional y ha condicionado tan negativamente nuestras
relaciones internacionales.
Economía: honestidad, austeridad y eficiencia
Ustedes saben que el país atraviesa un momento económico
crítico, un momento económico difícil.
Quiero que podamos entender de qué estamos hablando
cuando digo que el país atraviesa un momento económico
difícil. Aquí debo decir que hay dos formas
de ver el problema: una es cómo le va a ir a la economía
boliviana. Ustedes saben que hemos tenido el año 2003,
una inflación de casi el 4 por ciento y un crecimiento
inferior al 3 por ciento. El crecimiento del Producto Interno
Bruto es todo aquello que Bolivia produce haciendo crecer
la torta de su economía. La economía que tiene
una torta de este tamaño ha crecido en menos del 3
por ciento en el año 2003.
¿Qué esperamos para el año 2004? Un crecimiento
que supere el 3 y medio por ciento. No es una mala noticia,
pero tampoco es una noticia que nos llene totalmente de alegría.
Para que el país empiece a sentir en el bolsillo de
cada uno de ustedes que nos va bien, tenemos que crecer por
encima del 4 por ciento y las perspectivas para el 2004 todavía
no llegan a superar el 4 por ciento. Por lo tanto, la economía
está recuperándose, pero necesita ir más
rápidamente para que empecemos a sentirlo. Solamente
en cuatro o cinco años creciendo por encima del 4 por
ciento, comenzaremos a ver los resultados.
Esa línea de economía que indica que estamos
saliendo de la recesión contrasta con el problema fundamental
que se llama déficit fiscal. Hemos cerrado el déficit
fiscal en un 8 por ciento. ¿Qué quiere decir
eso? Quiere decir que estamos gastando mucho más de
lo que estamos recaudando, de lo que está ingresando
al Tesoro General de la Nación; quiere decir que hay
una brecha gigantesca entre lo que recaudamos y lo que gastamos.
Un 8 por ciento de déficit fiscal es tan bárbaro
que en el caso normal promedio en América Latina, estamos
hablando de déficits que están entre el 3 y
3 y medio por ciento y algunos por debajo. Es decir, duplicamos
el déficit fiscal que tienen países vecinos.
Hablaremos de cifras para poder entendernos, porque el déficit
fiscal es el mismo problema que usted tiene a fin de mes:
si usted gana 3 mil bolivianos al mes y gasta 4.500 bolivianos,
en el curso de poco tiempo usted estará quebrado, usted
necesitará prestarse plata o necesitará cortar
sus gastos. Eso es lo que le está pasando a Bolivia.
Técnicamente estamos quebrados. Nuestro Tesoro General
de la Nación gasta 15.000 millones de bolivianos al
año. Ése es el gasto que hacemos en el año:
15.000 millones de bolivianos, y a nuestro Tesoro General
de la Nación ingresan 9.600 millones de bolivianos.
Es una brecha gigantesca, es decir, 5.700 millones de bolivianos
estamos gastando más de lo que estamos recibiendo,
casi el 40 por ciento. Es muy simple, llega un momento en
que no tengo plata para pagar y por lo tanto, si fuera un
ciudadano o una empresa tendría que cerrar e irme a
mi casa, pero no lo puedo hacer.
¿Cómo resolvemos el problema del déficit
fiscal? Ésta es la pregunta fundamental. Usted dirá:
¿y a mí qué me cuenta, a mí de
qué me sirve o por qué me interesa el déficit
fiscal, qué tengo yo que ver como ciudadano con el
déficit fiscal? Déjeme que le explique en qué
gastamos 15.000 millones de bolivianos.
Gastamos casi 3 mil millones de esos 15.000 millones en deuda
externa, es decir el 20 por ciento de la plata que gasta Bolivia,
la paga en deuda externa: capital e intereses. Es mucha plata
y es una pregunta complicada porque en este momento económico
difícil estamos tomando nuevos créditos que
van a aumentar nuestra deuda externa. Ésa es una trampa
compleja que hace a una larga discusión histórica.
¿Qué hacemos con la deuda externa? Pero la realidad
es que estamos gastando casi 3 mil millones en la deuda externa,
esto no le toca a usted.
El segundo gasto es pensiones. Estamos gastando 2.800 millones
en pensiones, es decir en pagar las jubilaciones a las mujeres
y a los hombres de Bolivia que son parte del sector pasivo
y que el Estado les paga todos los meses una pensión:
2.800 millones de bolivianos. Eso ya le toca a usted porque
usted tiene a su mamá, a su papá o a su tío
o a su abuelito o a su abuelita que están recibiendo
esa plata del Tesoro General de la Nación. Dirán
ustedes: hemos aportado durante toda nuestra vida. Por su
puesto que sí, no estoy tratando de desmerecer, estoy
explicando que sí el déficit fiscal nos interesa
porque nos toca el bolsillo.
Educación: 2.600 millones de bolivianos. ¿Qué
quiere decir educación? Quiere decir maestros. El 90
por ciento de esta plata son salarios, es decir que los maestros
que educan a nuestros hijos dependen del Tesoro General de
la Nación y ése es un servicio directo que usted
recibe, porque yo he escuchado muchas veces decir: yo no quiero
pagar impuestos porque los impuestos van para los ladrones
que se los meten al bolsillo o van para los calienta bancos
del parlamento o van para los inútiles del gobierno
que no hacen nada si no ganar plata del lugar que ocupan.
Ésa es la razón por la que la gente dice: ¿para
qué voy a pagar impuestos si el impuesto no me beneficia
a mí?, ¿dónde están los beneficios
de los impuestos que yo pago? Aquí, en las pensiones
que le pago, en los salarios que le pago a los maestros. Si
no tengo plata a fin de mes para pagar a los maestros; además
de las marchas, manifestaciones, la huelga y el bloqueo; sus
hijos dejan de recibir educación.
La Administración Pública, nosotros, le demandamos
al país 1.400 millones de bolivianos. Esos 1.400 millones
de bolivianos son el 10 por ciento del total de los 15.000
millones de bolivianos de los que hablé. ¿Qué
podemos hacer con la administración pública?
Tenemos que recortar los gastos de la administración
pública. Sí señor. Si yo quiero que tengamos
austeridad todos, tengo que empezar por ser austero yo mismo.
Estamos trabajando para reducir los gastos de la administración
pública que demandan esos 1.400 millones.
La deuda interna: 1.100 millones. He hablado de deuda externa,
es decir lo que nos han prestado fuera de Bolivia el Banco
Mundial, el BID, Estados Unidos, Japón, España,
Francia, Suecia, etcétera. La deuda interna es el mecanismo
que utiliza el Tesoro para cubrir su déficit con bonos
redimibles a largo plazo. Te doy un alto interés, tú
me compras un bono y dentro de 10 ó 15 años
te lo voy a devolver, pero tú vas a haber ganado una
platita muy atractiva. Eso me permite contar con plata que
me cubre el déficit, pero estamos hablando de 1.100
millones de deuda interna que es mucha plata sólo en
intereses de la deuda interna. En cuanto comiencen los bonos
a redimirse, voy a tener que pagar capital y esa plata se
va a multiplicar.
Luego viene defensa. Pago 840 millones en defensa, fundamentalmente
Fuerzas Armadas que en cuanto hace a salarios es el tercer
rubro: pensiones 2.800, educación 2.600, defensa 841
millones. Este es un rubro importante.
Luego pago a las universidades 492 millones de bolivianos
y es poco. Las universidades siempre dicen que no les alcanza
el presupuesto, pero significan un 3 por ciento del total
del presupuesto del Tesoro General de la Nación. Proporcionalmente
las universidades demandan más inversión que
los niños. Es decir, un muchacho que estudia en la
universidad le cuesta al país cinco, seis ó
siete veces más que un muchacho, un chico, una chica
que está estudiando en básico o en secundaria.
Sin duda es una inversión que hay que hacer porque
estamos hablando de educación y si estoy haciendo esta
reflexión sobre las universidades, podría preguntar
si los 841 millones que gastamos en defensa son muchos o son
pocos. Da la impresión que tenemos que revisar esas
cifras y tenemos que ver cómo redistribuimos nuestros
gastos.
En salud gastamos 486 millones. ¿Qué quiere
decir eso? Que la enfermera, que el médico, que el
camillero que está en el Hospital General o en el Japonés
o en cualquiera de las instituciones de salud recibe su salario
de aquí. Es decir que sus impuestos no están
yendo exclusivamente a los bolsillos de quienes se los roban
-de eso voy a hablar ahora- están yendo a servicios
directos que le benefician a usted: un maestro, un médico,
una enfermera, un profesor universitario.
La policía demanda 485 millones. Esos 485 millones
son seguridad ciudadana. Insuficiente, uno de los grandes
problemas de Bolivia. ¿Cómo resolvemos la seguridad
ciudadana? ¿Con más presupuesto? Sí.
¿Con una redistribución interna de la policía
para que no haya tantos en La Paz y tan pocos en otras ciudades?
Sí, pero eso me cuesta. Si yo quiero trasladar a 5
mil policías desde La Paz a diferentes puntos del país,
tengo que pagarles el transporte, el alojamiento y la infraestructura
con la que van a trabajar. ¿De dónde sale ese
dinero? Eso es lo que tenemos que resolver.
Y finalmente, los beneméritos que son parte también
del sector pasivo: 225 millones de bolivianos. Esos son algunos
de los gastos; he mencionado los 10 que más gastamos
de los 15.000 millones que estamos gastando. Cuando usted
me pide aumento salarial, cuando un maestro dice: lo que yo
gano es muy poco. La respuesta es: muy bien, ¿de dónde
voy a sacar la plata que necesitamos para pagarle mejor? Cuando
usted que vive en Curahuara de Carangas, me dice: sabe, tengo
pocos maestros en esta zona, en el municipio, necesito ítems
para maestros, necesito ítems para enfermeras y médicos;
la pregunta es ¿de dónde los saco? Si estoy
gastando 15.000 millones y estoy ingresando 9.600 millones
y tengo un hueco de 5.000 millones ¿cómo hago
para darle más ítems a usted?
Con esto ¿qué quiero decir? Quiero decir que
cuando discutimos sobre lo que el país quiere, la única
forma de discutirlo es: vamos a plantear el problema y vamos
a encontrar la solución, y la solución pasa
porque yo como Estado ingrese más dinero. Si yo no
ingreso más dinero, no voy a poder cumplir mis obligaciones.
¿Cómo estoy cubriendo estos 5.700 millones de
bolivianos de déficit que no cierra entre los 15.000
millones que gasto y los 9.600 que recaudo? No los estoy cubriendo.
Una parte viene por la cooperación internacional -y
quiero aprovechar para agradecer la voluntad de apoyo que
hemos recibido de organismos multilaterales y de países
porque han decidido apostar en un momento tan difícil
como el que está viviendo Bolivia, pero no es suficiente.
Con ese dinero, voy a cubrir una parte de los 5.700 millones.
Una gran parte, más de 3 mil millones no está
financiado, y si no logro financiar, llegaremos al final de
2004 y no podré pagar salarios y no podré pagar
aguinaldos y no podremos cumplir obligaciones fundamentales.
Esto demanda sacrificio de todos nosotros. ¡Ah, el cuento
de siempre! dirá usted que me está viendo. Sí,
el cuento de siempre si yo no le demuestro a usted que el
sacrificio lo hacemos todos, si yo no demuestro que somos
capaces de colocar nuestra cuota parte cada uno.
En una última encuesta, la mayoría de los bolivianos
acepta que Bolivia atraviesa un momento muy difícil
y la mayoría de los bolivianos sabe que tenemos que
hacer algo para resolver esto; pero la misma encuesta cuando
pregunta: ¿usted está dispuesto a pagar más
impuestos?, da esta respuesta: menos del 20 por ciento está
dispuesto a pagar más impuestos. Yo lo entiendo, estamos
en un momento muy difícil, pero no basta con que yo
lo entienda. A pesar de que yo entiendo esa situación,
es necesario trabajar en una nueva forma de encarar el tema
económico. No puede ser que ustedes que me han dado
a mí la responsabilidad de administrar el país,
me digan: sabe señor, yo quiero esto, esto y esto;
como si yo pudiera mágicamente fabricar dinero.
El gobierno administra el Estado por mandato de ustedes, pero
lo administra con la condición aceptada de que ustedes
paguen impuestos. Yo quiero mencionar que de los 9.600 millones
que recaudamos; 5.900 vienen de sus impuestos, 449 de la aduana,
957 de las regalías petroleras. Esos son los tres rubros
más importantes, luego vienen unas cifras más
chiquititas. Eso hace 9.600 millones. No es suficiente. Tenemos
que sacrificarnos nosotros -el gobierno- en dos aspectos:
honestidad y transparencia, y austeridad.
Mi compromiso es que antes del 31 de enero, voy a presentar
a consideración del país un plan de austeridad
tangible, real, sin demagogia, para reducir gastos del Poder
Ejecutivo y de la administración en su conjunto. Tienen
que sacrificarse los inversionistas extranjeros, las empresas
petroleras -por eso estamos planteando la Ley de Hidrocarburos-
pero tiene que sacrificarse el conjunto del país, y
esto implica la necesidad definir cómo vamos a ingresar
más para el Tesoro General de la Nación. Ése
es un tema que en los próximos días pondré
a consideración de Bolivia, porque no sería
responsable mencionar un camino sin establecer aquellos obstáculos
que tenemos que vencer, aunque el costo que tengamos que pagar
por ello sea alto para todos.
Creer en el país: un desafío para todos
Quiero terminar -no sé si llamar a esto un mensaje
o una reflexión con el pueblo de Bolivia- con una absoluta
convicción, la convicción de que creo en mi
país, la convicción de que creo en ustedes que
son el país.
Bolivia es un país destinado a pervivir y destinado
a tener éxito. Tenemos una larga historia, una historia
en la que hemos hecho cosas extraordinarias. También,
como toda sociedad, nos hemos equivocado. Hoy estamos atravesando
un momento definitivo. Esta generación -ustedes y yo-
tenemos que ser capaces de demostrarles a nuestros hijos,
a nuestros nietos, a quienes van a seguir viviendo en este
territorio maravilloso, que somos capaces de responder a ese
desafío ¿Por qué no hacerlo, por qué
íbamos a negar esa posibilidad?
Estoy seguro de que Bolivia tiene el espíritu, la convicción
y la fuerza para lograr el éxito. Estoy seguro de que
todos y cada uno de ustedes miden en su exacto tamaño
la gravedad del momento que vivimos, y estoy seguro de que
seremos capaces de construir una sociedad justa y una sociedad
mejor. ¿Por qué no íbamos a poder hacerlo?,
¿que haría que nosotros tuviéramos menos
capacidad que otros para lograr convivir pacíficamente,
convivir civilizadamente, tener regiones y lenguas y visiones
de mundo, y culturas que no empobrecen sino que enriquecen?
Bolivia es la unidad en la diversidad. La fuerza de Bolivia
es precisamente eso, que somos tan distintos, que tenemos
visiones de mundo diferentes, que hablamos lenguas diferentes
pero que tenemos un patrón común, ese manto
generoso que es esta patria que se llama Bolivia.
No voy a poder lograr el éxito solo, no lo va a poder
hacer el gobierno solo. Este es un desafío, es una
tarea de todos y cada uno de nosotros. No me dejen abandonado
en esta responsabilidad y cuenten con que yo, como el primer
servidor público, cumpliré minuto a minuto lo
que a mí me toca para lograr ese éxito. Por
supuesto -estoy seguro- que recibiremos la bendición
de Dios, la bendición de quien nosotros entendamos
como divinidad o como Dios porque si hablamos de unidad en
la diversidad, hablamos de diferentes formas de mirar el espíritu,
cualquiera que ustedes tengan, éste es el momento de
apelar a su bendición, pero sobre todo, a nuestra voluntad
y a nuestra decisión.
Muchas gracias.