Bolivia recuerda el 14 de febrero de 1879 como un momento trágico
y doloroso de su historia, pues marca el inicio de una sucesión
de hechos que desembocaron en su enclaustramiento marítimo.
La invasión de Antofagasta arrastró a Bolivia
a una guerra que no buscó ni deseó y cuyo resultado
final fue la pérdida de 120.000 km2, 400 kilómetros
de costa, varios puertos, bahías y caletas, así
como su acceso soberano al Océano Pacífico. En
el territorio perdido por el país fueron descubiertos
los yacimientos cupríferos de Chuquicamata, uno de los
más importantes del mundo. También se perdieron
significativas reservas de guano y salitre que, durante décadas,
contribuyeron al desarrollo chileno. Además, como consecuencia
de la pérdida de su litoral, Bolivia no puede acceder
a la riqueza hidrológica y a los recursos naturales de
los fondos del mar.
El pueblo de Bolivia sufre desde hace más de un siglo
el costo de la mediterraneidad. Por ello, la reintegración
de la cualidad marítima es un objetivo permanente e irrenunciable
de su política exterior. Chile es el único país
del hemisferio occidental con el que Bolivia no tiene relaciones
diplomáticas, lo que demuestra la existencia de un problema
pendiente. El Gobierno y el pueblo de Bolivia agradecen el permanente
respaldo y solidaridad de organizaciones, países y líderes
amigos, que demuestran que su pedido es legítimo, justo
e indispensable para su desarrollo y la complementación
armónica del occidente de Bolivia, el norte de Chile
y el sur del Perú.
La Cancillería de la República reitera su compromiso
de continuar buscando, por medios pacíficos, la recuperación
de un acceso soberano y útil al Océano Pacífico.
La Paz, febrero de 2004